–¿Seguimos jugando? –preguntó mientras repartía besos por mi cuello. –Claro que sí. –Entonces podemos seguir mintiendo –se levantó un segundo para mirarme y ambos sonreímos. –¿Quieres que te bese? –susurró. –No –me mordí el labio inferior, retándolo con la mirada. Se recostó a mi derecha, de medio lado. Intenté voltearme pero colocó una mano en mi abdomen indicándome que me quedara boca arriba. Subió la mano hasta mis labios, y los acarició con los dedos. Cerré los ojos para disfrutar de la sensación suave de su dedo en mi boca. –Mentirosa, sé que quieres que te bese. Quería voltearme, y decirle que sí, claro que sí, pero me contuve. Descendió por mi cuello, despacio, y yo sentía que cada roce me quemaba la piel. –¿Quieres que te quite la ropa, Alexa? –No –desabrochó el primer

