Extra 1

1388 Words
ADVERTENCIA: Este capítulo contiene escenas de sexo, si eres menor de 18 años no te preocupes, esto es sólo un extra, no afecta a la trama principal. ................................................................................... –Se acabó la programación infantil –sonrió de lado ante mi comentario, viéndose aún más sexi. Por una vez agradecí tener la lámpara vieja en el salón, que alumbraba el lugar de forma tenue, dejándonos sumidos en una semioscuridad. Comencé a tocarlo por encima de los shorts mientras él me acariciaba el pelo lentamente. Intenté dejar de mirarlo a los ojos, pero la forma en que se iban volviendo turbios me hipnotizó por completo. Me enloqueció desde la primera vez que estuvimos juntos. Ver como los músculos de su abdomen se tensaban me hacía relamerme los labios de forma inconsciente. Enredó su muñeca en mi pelo y tiró hacia él de forma deliciosa. Liberé su m*****o de la tela que lo aprisionaba y comencé a mover la mano lentamente. Lo acerqué a mi boca y lo acaricié con la lengua a todo lo largo. –¿Tienes prisa? –comenté al notar como apretaba el agarre en mi pelo. –Es que estoy imaginando –giró la cabeza hacia un lado sin dejar de mirarme–, lo sexy que te ves así de rodillas, y lo mojada que debes estar. Apreté las piernas ante ese comentario, tenía razón. No respondí, porque sabía que si habría la boca solo iba a salir un jadeo. –¿Tengo razón? –preguntó como si me hubiera leído la mente. Seguí mirándolo a los ojos y me limité a sonreír con picardía. –Tienes dos opciones –me tomó de la barbilla con una de sus manos–, o me respondes, o aplicas la ley de que con la boca llena no se habla. Tomé la segunda opción sin pensarlo dos veces. Envolví su m*****o con mis labios y comencé a bajar y subir manteniendo un ritmo lento pero constante. Siempre había pensado que esto solo le daba placer a los hombres, pero estaba disfrutando casi tanto como él, que dejo caer la cabeza hacia atrás y comenzó a acelerarse su respiración, igual que la mía. Sentir como crecía cada vez más dentro de mi boca y como enredaba sus manos en mi pelo acelerando el ritmo, provocaba un cosquilleo en mi bajo vientre, que iba descendiendo y aumentando en intensidad de tal manera, que sentía la necesidad urgente de que me tocara. Intenté levantarme, pero me agarró más fuerte, y de alguna forma eso me hizo empezar a jadear. –¿Quién tiene prisa ahora? –preguntó volviendo a levantar la cabeza. –Quiero que me toques –solté sin más. –¿Ah sí?, ¿en dónde? –En todos lados. –Tócate tú misma primero. –¿Qué? –la frase me dejó descolocada por un momento, pero como si fuera una orden suprema, mi cerebro respondió dirigiendo mi mano hacia mi sexo. No hablamos más, volvió a tomarme del pelo y yo volví a degustar el sabor de su m*****o que por unos segundos había extrañado. Nunca me había tocado delante de nadie, pero la combinación de sus ojos alternando la vista entre mi boca y mi mano, el cosquilleo en la lengua y los labios y el placer que yo misma me daba, era casi insuperable. Se levantó sin despegarse de mí, y comenzó a mover las caderas al ritmo de mi boca sin soltar mi pelo, mientras yo terminaba de quitarle los shorts con las manos. Desde mi ángulo se veía como un dios del sexo, poderoso, como si tuviera el mundo a sus pies, aunque ahora solo me tuviera a mí, pero tenerme a mí le estaba gustando demasiado. Me jaló de los brazos para levantarme, y yo estaba en el punto de que haría lo que él quisiera sin poner objeción. No sé cuál de los dos respiraba peor, pero ambos nos mirábamos fijamente mientras el acariciaba el borde de mis pantaloncillos de andar en casa. Tomó el elástico entre los dedos y se inclinó para bajarlos sin romper el contacto visual, y debo decir, que contemplarlo inclinarse ante mí era lo más sexy que había visto en mi vida. Bajó mis bragas también, dejándome desnuda por completo, y volvió a subir, deteniéndose para besar y morder suavemente mis pechos haciéndome jadear de puro placer. Se incorporó por completo y yo estaba en una especie de trance en el que solo podía mirarlo con la boca abierta. Se apoderó de mi boca, besando, mordiendo, chupando, mientras mis labios también luchaban por probarlo, sentirlo, mojarlo. Puso su mano en mi rostro acariciando mi mejilla, y noté como intentaba disminuir la intensidad. –¿Qué pasa? –pregunté en medio de jadeos. –Nada, es solo que a veces puedo ser algo brusco y… Se calló cuando tomé la mano que estaba en mi mejilla y la puse alrededor de mi cuello. Frunció el ceño unos segundos, apretó un poco el agarre y yo solté un gemido sonriendo. Había captado el mensaje, pero por si acaso se lo dejé más claro. –Me gusta brusco –susurré a centímetros de sus labios. Sonrió de lado y me empujó hacia atrás, hasta que choqué la espalda con la pared. –Espero que no te retractes. –No lo haré. Abrí el cajón de la mesita que estaba a mi derecha, tomé un preservativo y se lo entregué. Se lo colocó y me acerqué para besarlo pero me tomó de la cintura y me dio media vuelta dejándome de cara a la pared. Sentí sus dedos resbalando en mi humedad, dibujando círculos perfectos que me hacían morderme los labios. Pegó su pecho a mi espalda y quitó el pelo de mi cuello con la mano libre. Repartía besos por mi nuca, acariciaba mis pechos con una mano y mi sexo con la otra, eran tantas sensaciones a la vez que perdí la noción del tiempo, y tenía que afincar las manos en la pared para no caerme. Incliné las caderas hacia atrás, restregándome con su erección. Mi cuerpo quería más, y yo estaba totalmente de acuerdo. Tomó su m*****o y lo colocó en mi entrada, empujó su cuerpo contra el mío haciendo que entrara todo. Solté un gemido, se quedó quieto un momento para que me acostumbrara a tenerlo dentro de mí, pero segundos después comenzó a moverse lenta y provocativamente. Yo no dejaba de jadear mientras aumentaba el ritmo con cada estocada. Me iba inclinando hacia atrás cada vez más, hasta que tuve que apoyar las manos en mis rodillas cuando mis piernas empezaron a flaquear. Sostenía mis caderas haciéndolas chocar con las suyas cada vez más fuerte, más intenso, más rico. Me tomó de los hombros y me hizo subir hasta chocar con su pecho. –Me muero por descubrir todas tus fantasías –habló con la respiración entrecortada. –Y yo las tuyas –jadeé notando como aumentaba más el ritmo. Sentí como empezaban a tensarse todos mis músculos de la cintura para abajo. –Ahora mismo estás cumpliendo una. –¿Ah sí… cuál? –Hacer venir a la mujer más sexy del mundo… Y eso fue todo, estallé en un orgasmo lleno de humedad, mis jadeos se convirtieron en pequeños gritos mientras él volvió a inclinar mi espalda hacia abajo. Encajó sus dedos en mis caderas mientras estallaba también. Noté que salía despacio de mi interior mientras yo aún sentía las réplicas de uno de los orgasmos más intensos de mi vida. Me incorporé y lo vi dirigirse al baño y volver en lo que yo recuperaba el aliento. Nunca había visto ese lado de él, hasta ahora conocía el divertido y el idiota, pero sobra decir, que el pervertido dominante es mi preferido. Se acostó en el sofá y me tendió la mano para que me acostara a su lado. –Ahí no cabemos los dos. –No arruines el romanticismo –me tendió la mano y yo la tomé de mala gana. Nos acomodamos como pudimos en el diminuto sofá, me estrechó contra su cuerpo y cerró los ojos, nuestras respiraciones se iban calmando, hasta que se convirtieron en ecos lejanos, mientras en mi mente solo se repetía la misma pregunta una y otra vez. ¿Qué, acaba, de, pasar?
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