La sala central está iluminada por velas dispuestas en semicírculo alrededor de un altar bajo. En el centro, una foto de Hiroshi. Más joven, más vivo. Sonríe como si aún estuviera jugando con todos nosotros. Reina está sentada frente a la imagen, sola. Su kimono es n***o con detalles violetas. El color del duelo tradicional. El color de una viuda. En sus manos, sostiene un inciensario encendido. Al verme, no se sorprende. —Llegaste —dice con suavidad. —No fui invitada. —El templo está abierto a todos los que quieran honrar su memoria. —Entonces no pongas sobres si no estás lista para que se rompan. Se levanta lentamente. Su postura es impecable. No es agresiva. Pero tampoco sumisa. —No vine a confrontarte, Aiko-sama. —¿No? Porque esto —digo, señalando a los hombres sentados a su al

