El silencio volvió a reinar, roto solo por mi respiración, cada vez más pesada. Mi mano tembló, contenida, a centímetros de rozar su brazo. Aiko desvió la mirada, y por un instante creí que retrocedería. Pero no lo hizo. Se mantuvo ahí, firme, y con voz baja, casi un susurro, respondió: —Lo que pides es demasiado peligroso, Ryu. Ese murmullo me atravesó. Era rechazo, pero también confesión. Yo cerré los ojos un segundo, intentando contenerme. Pero no pude evitar que se escapara de mis labios, áspero, cargado de todo lo que hervía en mí: —Peor sería vivir sin intentarlo. ( AIKO) Nunca pensé que después de Hiroshi habría un hombre capaz de desestabilizarme. Creí que mi mundo ya no tenía espacio para nada más que estrategias, planes y el peso del clan. Pero entonces estaba él… Ryu.

