. Me subí al coche y conduje sin rumbo fijo durante un rato. La ciudad nocturna se movía lenta, pero peligrosa. Callejones oscuros, bares con luces rojas, miradas que se apartaban rápido. Un tablero de ajedrez donde yo conocía todas las piezas, pero no siempre el próximo movimiento. Pensaba en Aiko. En cómo me miraría si supiera que estuve aquí. En cómo intentaría leerme, buscar grietas en mi historia. Ella no entiende… que si vine no fue por traición, sino porque en este juego, a veces hay que escuchar al enemigo antes de que él te escuche a ti. Pero explicarlo no la convencería. La confianza en nuestro mundo no se gana con palabras, se gana con sangre y actos. Mi teléfono vibró. Era Tetsuya. —Tenemos problemas en la zona este, jefe —su voz era grave, cortante—. Movimiento ex

