Nova La relación con el Diablo no era tan horrorosa como en un principio pensé, no teníamos contacto más que aquel susurro en nuestras cabezas que nos daba las órdenes a seguir para el próximo trabajo. No era una conversación, era solo una de las partes transmitiéndonos sus pedidos. Hoy entró en ese cuarto con ese encanto lúgubre que anunciaba tormento. Por lo general no intervenía en mis manejos con los deudores. Estos años me había soltado bastante la cuerda para que hiciera lo que quisiera,nunca había cuestionado mis métodos, intentado cambiar nada, lo que me hacía pensar que estaba satisfecho con mi desempeño. Otros cobradores habían sufrido graves torturas y la muerte por manejarse de manera dudosa o insatisfactoria ante sus ojos. >. La marca en mi cuello quemaba y palpitaba

