David Me parecía insólito que luego de haber salido esa mañana de casa, sintiéndome el hombre más feliz del universo, luego regresara hecho un atado de nervios. Si pudiese razonarlo, quizás entendería que ese día nuestra vida cambió y el rumbo que tomaron las cosas, es algo que nunca estaría preparado para vivir. Aún siento nostalgia del roce de su beso de despedida en los labios, la gloriosa imagen de su cuerpo enfundado en una de mis camisetas y, por supuesto, la enorme sonrisa de su rostro mientras batía su mano en son de despedida. Una hora después, en medio de esa reunión con la directiva de la Fundación, recibí un mensaje de Selim, que no tenía ningún sentido, o sea, ella había dicho que me amaba. Cuánto temí escuchar esas dos palabras de su boca y a la vez cuánto las ansié, quizá

