Camila Algo resonaba en mi cabeza, como un golpeteo constante, pero una parte de mí se negaba a salir de ese extraño sopor. —Señorita Camila —ese es mi nombre, estoy casi segura de ello, pero aún me niego a reaccionar— si no abre, el conserje está autorizado para usar su llave maestra, señorita, por favor, conteste. — ¿Selim? —exclamé reconociendo su voz. —Sí, soy yo ¿Puede abrir, por favor? —Disculpa —carraspeé al alzar la voz, me dolía mucho la garganta, como si hubiese gritado por mucho rato, pero eso no tenía sentido— estaba en la ducha, por eso no escuchaba, en cuanto esté lista nos vamos. — ¿Está bien? —su tono era de real preocupación. —Sí, Selim, estoy de una pieza —traté de parecer divertida, aunque al querer moverme, un fuerte dolor atravesó el centro de mi cuerpo, haciénd

