Camila Sabía que soñaba, pero todo era tan agradable que no deseaba despertar. Flotábamos en el agua tibia del lago, tomándonos las manos mientras el sol alumbraba nuestros rostros. —Te amo —vocalicé, porque mi voz no se escuchaba y sus ojos de miel sonrieron de felicidad. —Te amo —vocalizó también y entonces me alcé en la cama. —Mierda —gemí, podía describir el dolor que sentía en cada músculo de mi cuerpo antes de volver a caer sobre el colchón. —Mmh... ¿Qué pasa? —su pelo totalmente desordenado fue lo primero que divisé, luego la mirada soñolienta y el bostezo. —Necesito ir al baño, pero no puedo moverme —fruncí la mirada al ver su mejor sonrisa fanfarrona. —Me declaro culpable —volvió a bostezar y dijo con voz pastosa— te llevo, si es que puedo, no sé si estoy mejor que tú. —Es

