Camila No podía dejar de llorar, colgada de su cuello, con mi rostro pegado a su camiseta, el tiempo se hacía interminable. No sé si era la insoportable sensibilidad que David le provocó a mi cuerpo o toda la cantidad de emociones que embargaban mis pensamientos, quizás una mezcla de ambas cosas. Pasaban por mi cabeza las conversaciones con Anabel, su charla interminable, recordando los viejos tiempos, las anécdotas de entonces, cuando estábamos todos juntos, cuando David era mi novio. Sé que lo hacía a propósito, llenando mi corazón de anhelos y no dudé en caer rodando dentro de ese balde lleno de esperanzas de un futuro mejor. Me sentí hermosa y poderosa al ver que aún podía seducirlo y lo quise todo, sus ojos recorriéndome, ansiosos, lujuriosos; el millar de emociones que provocaban

