El rugido del motor resonaba en la quietud de la noche, un sonido que parecía devorar el silencio del largo tramo de carretera que se extendía frente a ellos. Dylan conducía con la mirada fija en el horizonte, sus manos firmemente apretadas contra el volante, como si con ello pudiera apresurar el tiempo. A su lado, Ethan permanecía en silencio, los ojos clavados en la ventana. La luz de la luna bañaba su rostro pálido, y el cansancio se marcaba en las ojeras profundas que surcaban su piel.
El aire dentro del auto era denso, cargado de tensiones no dichas.
-- Ethan, mírate -- dijo Dylan finalmente, rompiendo el silencio con un tono que no dejaba lugar a objeciones. -- Pareces un maldito cadáver. Tienes que dormir. --
Ethan giró apenas la cabeza, lo suficiente para lanzarle una mirada cargada de irritación.
-- Estoy bien, Dylan. Ya te lo dije, no necesito dormir. --
-- No, no estás bien -- replicó Dylan con brusquedad, golpeando el volante con la palma de la mano. -- No estás comiendo bien, no estás durmiendo, y no estás hablando. No puedes seguir así. --
Ethan desvió la mirada, sintiendo cómo la presión de esas palabras comenzaba a pesar en su pecho. Miró por la ventana, observando cómo los árboles y postes de luz pasaban rápidamente, como un borrón en la penumbra. Quería responder, pero las palabras se atascaban en su garganta.
-- Esto no se trata solo de cansancio físico, -- continuó Dylan, más calmado esta vez, aunque su voz aún cargaba una nota de preocupación genuina. -- Es Lucy, ¿verdad? --
Ethan cerró los ojos con fuerza. Una imagen nítida y desgarradora atravesó su mente, Lucy en el techo de su habitación, rodeada de llamas, su expresión de terror congelada en el tiempo. Su respiración se volvió irregular, y sintió cómo el sudor comenzaba a acumularse en sus manos.
-- No quiero hablar de eso, Dylan, -- respondió al fin, con un tono bajo pero firme.
Dylan lo observó de reojo, notando cómo los hombros de su hermano se tensaban y sus manos se apretaban en puños. Quería insistir, quería obligarlo a hablar, pero sabía que eso solo empeoraría las cosas. Suspiró con frustración y desvió la vista de nuevo al camino.
El resto del viaje transcurrió en silencio, interrumpido solo por el zumbido del motor y el ocasional sonido del viento golpeando contra las ventanas. Ethan apoyó la cabeza contra el cristal, y aunque sus ojos estaban abiertos, su mente estaba en otro lugar, atrapada en un bucle de recuerdos que lo atormentaban.
Mientras tanto en Port Haven, Massachusetts
La sala de exposiciones de la universidad estaba sumida en un silencio solemne, el tipo de silencio que solo se encontraba en lugares impregnados de historia y secretos. Las vitrinas brillaban débilmente bajo las luces tenues del techo, y cada objeto parecía susurrar historias olvidadas a aquellos que se atrevían a escucharlas. Entre ellos, en el centro de la habitación, se encontraba el artefacto.
Era un objeto peculiar, una especie de relicario metálico adornado con inscripciones que parecían runas antiguas. Su superficie estaba opaca, como si rechazara la luz que intentaba tocarla, y despedía una energía inquietante, una presencia que parecía observarte, aunque no pudieras verla.
-- ¿Estás segura de esto, Sophie? -- preguntó Caleb, uno de los chicos del grupo, mientras lanzaba miradas nerviosas hacia la puerta de entrada. -- Esto no me da buena espina. --
-- Es solo un pedazo de metal viejo, Caleb -- respondió Sophie, tratando de mantener su voz firme, aunque en el fondo sentía un escalofrío recorrer su columna vertebral. -- Además, tú fuiste el que dijo que yo no tenía agallas. ¿Qué pasó con eso? --
-- Eso fue una broma, Soph -- intervino Lily, cruzando los brazos. -- Nadie espera que realmente lo hagas. Mira esto, está protegido con cámaras. Si te atrapan, podrías meterte en problemas serios. --
Sophie frunció el ceño, sintiendo cómo su orgullo se inflamaba con cada palabra de advertencia.
-- ¿Ahora todos ustedes tienen miedo? -- soltó. -- Es solo un reto. Entro, lo tomo, y salgo. ¿Qué podría salir mal? --
El grupo intercambió miradas incómodas, pero ninguno respondió. Sophie sabía que estaban dudando, pero no podía echarse atrás ahora. No después de haberlos escuchado burlarse de ella tantas veces por ser la "chica tímida" del grupo.
Se acercó al artefacto, sintiendo cómo su pulso se aceleraba con cada paso. El aire a su alrededor parecía cambiar, tornándose más pesado, más opresivo. Extendió la mano y, con un leve temblor, rozó la fría superficie metálica del relicario. En ese momento, una extraña sensación se apoderó de ella, como si algo invisible hubiera envuelto su mano, un frío que atravesaba la piel y llegaba hasta los huesos.
-- ¿Sophie? -- llamó Caleb, su voz apenas un susurro. -- ¿Estás bien? --
Ella retiró la mano de golpe, tratando de recuperar la compostura.
-- Sí, estoy bien -- respondió, aunque su voz sonaba más débil de lo que hubiera querido.
Sin pensarlo más, levantó el artefacto de su soporte. Fue en ese instante cuando todo cambió.
Las luces de la sala comenzaron a parpadear violentamente, llenando el espacio con un sonido eléctrico y chispeante. Un viento helado surgió de la nada, levantando papeles y objetos ligeros de las vitrinas cercanas. El grupo retrocedió con miedo, mirando alrededor como si esperaran que algo saliera de las sombras.
-- ¡Sophie, deja eso ahora! -- gritó Lily, su voz al borde del pánico.
Pero Sophie no podía soltarlo. Era como si sus manos estuvieran pegadas al artefacto, como si una fuerza invisible la mantuviera conectada a él. Sus ojos se abrieron de par en par, reflejando un miedo puro e incontrolable.
De repente, un grito resonó en la habitación, un sonido inhumano y gutural que parecía venir de todos lados a la vez. Las sombras comenzaron a alargarse, tomando formas que no pertenecían al mundo de los vivos. Caleb dio un paso atrás, tropezando con una silla y cayendo al suelo, mientras Lily se aferraba a la pared, con lágrimas corriendo por su rostro.
Y entonces, todo quedó en silencio.
Sophie se desplomó al suelo, el artefacto aún en sus manos. El grupo se apresuró a rodearla, sus voces llenas de confusión y terror.
-- ¿Qué demonios fue eso? -- preguntó Caleb, su voz temblando mientras ayudaba a Sophie a levantarse.
-- No lo sé -- murmuró ella, mirando el objeto que aún sostenía. Pero en el fondo, sabía que algo había cambiado. Algo había sido liberado.
La oscuridad en el campus de la universidad era abrumadora, interrumpida solo por la débil luz de las farolas dispersas. Caleb y Lily caminaban a paso rápido, sus figuras proyectando sombras largas y distorsionadas en el suelo. Ninguno hablaba; el ambiente estaba cargado de tensión, y los eventos de la sala de exposiciones seguían frescos en sus mentes.
-- Esto no estuvo bien, Lily -- murmuró Caleb finalmente, rompiendo el silencio. -- Sophie no debió tocar ese artefacto. Algo... algo raro pasó ahí. --
Lily asintió sin mirarlo, apretando los brazos contra su pecho.
-- Lo sé. Pero ya está hecho. Ahora solo tenemos que asegurarnos de que Sophie esté bien... mañana hablaremos con alguien. Tal vez un profesor o... --
Un sonido interrumpió su frase, un susurro apenas audible que parecía provenir de todas direcciones. Ambos se detuvieron, sus ojos escaneando el entorno.
-- ¿Escuchaste eso? -- preguntó Caleb, bajando la voz.
Lily asintió de nuevo, esta vez mirando alrededor con creciente paranoia.
-- Quizá fue el viento. --
Pero Caleb sabía que no era el viento. Había algo en ese sonido, una calidad fría y desgarradora que lo hizo estremecerse.
-- Vámonos de aquí, ahora. --
Ambos aceleraron el paso, pero apenas habían avanzado unos metros cuando las luces de las farolas comenzaron a parpadear. El aire se volvió más frío, y el susurro se transformó en un gemido, un sonido lastimero que se metía en sus cabezas.
-- ¡Corre! -- gritó Caleb, agarrando a Lily del brazo y tirando de ella.
Comenzaron a correr, pero el gemido se intensificó, y una figura emergió de las sombras delante de ellos. Era etérea, su forma fluctuante y envuelta en un aura azulada. No tenía rostro, solo un vacío oscuro donde deberían estar los ojos y la boca.
Lily soltó un grito desgarrador, retrocediendo mientras la figura avanzaba hacia ellos. Caleb se interpuso entre la figura y Lily, sus manos temblando.
-- ¡Déjanos en paz! --
Pero la figura no se detuvo. Extendió una mano translúcida hacia Caleb, y él sintió un frío insoportable envolverlo, como si todo el calor de su cuerpo estuviera siendo absorbido. Sus rodillas cedieron, y cayó al suelo mientras su cuerpo convulsionaba.
Lily intentó correr, pero otra figura apareció detrás de ella, atrapándola en un abrazo mortal. El último sonido que salió de su garganta fue un grito ahogado antes de que su cuerpo se desplomara.
El campus quedó en silencio de nuevo, y las sombras se disolvieron, llevándose consigo a Caleb y Lily.
En el apartamento de Sophie
Sophie se despertó de un salto, el sonido de un golpe fuerte en la ventana sacándola de sus pensamientos. Su dormitorio estaba iluminado por la luz de su lámpara de escritorio, pero de alguna manera se sentía más oscuro de lo habitual, como si algo invisible estuviera absorbiendo la luz.
-- ¿Lily? ¿Caleb? -- llamó, aunque sabía que ninguno estaba ahí.
Un segundo golpe resonó, más fuerte esta vez. Sophie se acercó a la ventana, pero no había nada fuera, solo la quietud inquietante de la noche. Dio un paso atrás, tratando de calmarse, cuando escuchó el crujido de la madera detrás de ella.
Se dio la vuelta y dejó escapar un grito. La misma figura sin rostro estaba en el centro de su habitación, con sus manos extendidas hacia ella. Sophie retrocedió, tropezando con su cama y cayendo al suelo.
-- ¡Aléjate! -- gritó, buscando algo con lo que defenderse.
La figura se acercó más, y Sophie sintió el mismo frío paralizante que Caleb había experimentado. Justo cuando el fantasma estaba a punto de alcanzarla, la puerta de su habitación se abrió de golpe, y Zoey apareció.
-- ¡Déjala en paz! -- rugió Zoey, lanzándose contra el fantasma con una velocidad sobrehumana.
El impacto fue suficiente para hacer retroceder a la figura, pero Zoey no salió ilesa. Un brazo translúcido la atravesó, arrancándole un grito de dolor mientras caía al suelo. Sophie corrió hacia ella, tratando de ayudarla a levantarse.
-- ¿Zoey? ¿Qué estás haciendo aquí? --
-- No importa. Tienes que salir de aquí... ahora -- respondió Zoey, su voz débil.
El fantasma volvió a avanzar, y Sophie, en un acto de valentía, agarró a Zoey y corrió fuera del dormitorio, dejando atrás a la figura que las observaba en silencio.
Momentos más tarde…
El viejo Impala azul se detuvo frente a un motel de mala muerte, sus neumáticos chirriando contra el asfalto. Dylan apagó el motor y miró a Ethan, quien estaba inclinado hacia adelante, con los codos apoyados en las rodillas y una expresión oscura en el rostro.
-- Estamos aquí -- dijo Dylan, rompiendo el silencio.
Ethan asintió, pero no dijo nada. El viaje había sido largo, y aunque Dylan había intentado iniciar una conversación varias veces, Ethan se había mantenido en silencio, sumido en sus propios pensamientos.
-- Escucha -- dijo Dylan finalmente mientras salían del auto. -- Sé que estás lidiando con algo, pero necesito que estés presente. Zoey está en problemas, y no podemos permitirnos distracciones. --
Ethan lo miró, sus ojos cansados pero determinados.
-- Estoy bien. Vamos a encontrarla. --
Dylan lo observó por un momento, luego asintió. Sabía que no era el momento de presionar.
Ambos decididos a buscar pistas se separan para cubrir más terreno, Dylan preocupado por Zoey decide ir en busca de ella mientras que Ethan buscara información del paradero de Zoey mediante sus amigos cercanos. Ethan llegó a la universidad donde habían ocurrido los asesinatos en la búsqueda de información clave. Caminando por uno de los pasillos se encuentra con un profesor, con un chaleco de algodón rojo, unos pantalones negros rasgados, una vestimenta que daba a entender la profesión del profesor, historia, por supuesto. Ethan entra al salón y empieza a hacerle preguntas acerca de lo sucedido.
-- Mi nombre es Ethan, estoy investigando acerca de los asesinatos de los jóvenes que fallecieron sin dejar rastro –
-- Mira chico, es un accidente desgarrador pero las cosas pasan por algo –
-- ¿A qué se refiere profesor? – le preguntó con un tono de confusión en sus ojos, como si estuviera seguro de que él sabe algo.
-- Hace unos años, a la universidad le llego un objeto que decían que estaba maldito, cada semana los chicos intentaban robarla para hacerse conocidos, la noche que ambos fallecieron ese objeto desapareció –
Ethan tratando de recopilar la mayor información posible le pregunta – ¿tiene idea de donde puede estar ahora? –
-- Deberías preguntarle a Sophia, ella era amiga de los dos jóvenes –
Le entrega el número de cuarto para que Ethan la busque.
Luego de una búsqueda exhaustiva del cuarto, Ethan se paró frente a la puerta del apartamento de Sophie, un rastro de nerviosismo en su postura. Aunque había pasado por innumerables situaciones peligrosas en las últimas semanas, enfrentarse a un lugar cargado de misterio y posiblemente un espíritu vengativo, de acuerdo con la información que el profesor le había dado. Había algo en la idea de enfrentarse a lo desconocido en un espacio cerrado que hacía que su respiración se acelerara.
Golpeó la puerta, esperando escuchar algún sonido desde dentro, pero lo único que respondió fue el silencio. Miró a ambos lados del pasillo antes de decidirse. Sacó una ganzúa de su bolsillo trasero, un viejo truco que había aprendido de Dylan, y abrió la puerta en cuestión de segundos.
El interior del apartamento estaba en completo desorden. Muebles volcados, papeles esparcidos por el suelo, y en el aire, un olor extraño, una mezcla de humedad y algo metálico. Ethan cerró la puerta detrás de él con cautela, sintiendo que cada paso que daba era observado por algo que no podía ver.
De repente, un ruido en la habitación contigua lo puso en alerta. Sacó una navaja del bolsillo y avanzó con cuidado. Al entrar, encontró a Sophie acorralada contra la pared, con el fantasma frente a ella, una figura etérea cuyos contornos parecían vibrar con una energía inquietante.
-- ¡Sophie! -- gritó Ethan, atrayendo la atención de la figura.
El fantasma giró hacia él, y Ethan sintió como si el aire en la habitación se volviera más pesado. Sophie lo miró con ojos llenos de terror, aferrándose a la pared como si esta pudiera protegerla.
-- ¡Sal de aquí! -- gritó Sophie, su voz quebrándose.
-- No pienso dejarte sola con esto, estoy aquí para salvarte no te preocupes -- respondió Ethan, apretando la navaja con fuerza.
El fantasma se lanzó hacia él con una velocidad aterradora, y Ethan apenas tuvo tiempo de esquivarlo. El frío que emanaba de la figura era tan intenso que lo dejó entumecido por un momento. Recordó algo que había leído en el diario de su padre, “Los fantasmas vengativos suelen estar vinculados a un objeto o lugar específico. Destruir el vínculo los libera.”
-- ¿Dónde está el artefacto? -- le gritó a Sophie mientras esquivaba otro ataque.
-- Está... está en mi bolso, en la sala -- respondió ella con dificultad, señalando hacia la puerta.
Ethan asintió, trazando rápidamente un plan en su mente.
-- Quédate aquí y no te muevas. --
Corrió hacia la sala, con el fantasma siguiéndolo de cerca. Cada vez que lo rozaba, sentía un dolor punzante en el pecho, como si le arrancaran pequeños fragmentos de su alma. Finalmente llegó al bolso de Sophie, encontrando el artefacto: una pequeña estatua de madera tallada con símbolos antiguos.
-- Bien, ahora veamos cómo te deshago de esto. --
El fantasma apareció frente a él, bloqueando su salida. Ethan sujetó la estatua con ambas manos, recordando una línea del diario de su padre. “El fuego purifica y libera.” Sin pensarlo dos veces, sacó un encendedor de su bolsillo y prendió fuego a la estatua.
El fantasma lanzó un grito desgarrador, su figura desmoronándose como cenizas en el viento. Ethan cayó al suelo, exhausto, mientras el artefacto ardía en su mano. Sophie apareció corriendo desde la habitación, arrodillándose junto a él.
-- ¿Estás bien? -- preguntó, su voz temblando.
Ethan asintió, respirando con dificultad.
-- Estoy bien. Más o menos. --
Sophie lo abrazó con fuerza, dejando escapar un sollozo.
-- Gracias... no sé qué habría hecho sin ti. --
Ethan la devolvió el abrazo, sintiendo una calidez inesperada en el gesto.
Mientras Ethan enfrentaba al fantasma, Dylan se encontraba en el ala sur del campus, donde habían robado el artefacto. Había seguido un rastro de sangre que, aunque leve, era inconfundible. Sus pasos lo llevaron a un pasillo oscuro y abandonado, donde encontró a Zoey sentada contra la pared, respirando con dificultad.
-- ¡Zoey! -- exclamó, corriendo hacia ella.
Zoey levantó la vista, sus ojos azules brillando débilmente en la penumbra.
-- Dylan... -- murmuró, su voz apenas audible.
Dylan se arrodilló a su lado, inspeccionando sus heridas. Había cortes profundos en su abdomen y brazo, pero algo en ellos le llamó la atención. Las heridas estaban... cerrándose. Lentamente, pero sin duda regenerándose.
-- ¿Qué demonios...? -- murmuró Dylan, retrocediendo un poco.
Zoey notó su reacción y trató de ocultar sus heridas, apartando la mirada.
-- No es lo que parece -- dijo rápidamente, aunque sabía que era inútil.
Dylan la miró, su mente corriendo a mil por hora. Siempre había confiado en Zoey, pero esto era diferente. Había algo que ella no le estaba contando, algo grande y él estaba seguro de eso.
-- Zoey, ¿qué eres? -- preguntó, su voz cargada de tensión.
Ella lo miró con tristeza, pero antes de que pudiera responder, un ruido en la distancia interrumpió el momento.
-- Sophie... -- dijo Zoey, poniéndose de pie con dificultad.
Dylan suspiró, guardando sus preguntas para más tarde.
-- Vamos. Tenemos que encontrarla. --
Dylan y Zoey llegaron al apartamento justo cuando Ethan y Sophie salían de la sala, ambos luciendo agotados pero ilesos. Al ver a su hermano, Dylan soltó un suspiro de alivio y caminó hacia él.
-- ¿Estás bien? -- preguntó Dylan, estudiándolo rápidamente en busca de heridas.
Ethan asintió, aunque sus movimientos eran lentos.
-- Estoy bien. El fantasma ya no es un problema. --
Sophie, todavía aferrada al brazo de Ethan, miró a Dylan y Zoey con una mezcla de curiosidad y gratitud.
-- No sé quiénes son ustedes realmente, pero... gracias. No habría sobrevivido sin ti Ethan. --
Zoey dio un paso al frente, una sonrisa tranquilizadora en el rostro.
-- Somos amigos de Ethan. Nos aseguramos de que llegara a tiempo. --
Dylan la miró de reojo, notando cómo Zoey evitaba cualquier contacto visual prolongado con él. Había demasiadas preguntas en su mente, pero este no era el momento para enfrentarlas.
-- Es mejor que nos vayamos de aquí antes de que alguien más haga preguntas -- dijo Dylan, su tono firme pero no brusco.
Ethan asintió, dándole una última mirada a Sophie. Había algo en ella, una fragilidad combinada con una fortaleza oculta, que lo desconcertaba.
-- Ten cuidado, Sophie. Si algo más extraño ocurre, no dudes en buscarme. --
Ella sonrió, aunque sus ojos seguían reflejando el miedo que había vivido.
-- Lo haré. Gracias, Ethan. De verdad... gracias. --
Para sorpresa de todos, Sophie se inclinó hacia él y le dio un breve beso en la mejilla. Ethan se quedó inmóvil, sin saber cómo reaccionar, mientras Dylan se cruzaba de brazos con una sonrisa burlona.
-- Bueno, parece que tienes una admiradora -- murmuró Dylan mientras salían del edificio.
Ethan le lanzó una mirada de advertencia, pero no pudo evitar que una leve sonrisa curvara sus labios.
Una vez solucionado un caso más los hermanos se suben al Impala y sin pensar ni un segundo más toman rumbo hacia su nuevo destino. El motor del Impala rugía mientras dejaban atrás la ciudad portuaria. Ethan miraba por la ventana, absorto en sus pensamientos, mientras Dylan conducía en silencio. Zoey estaba sentada en el asiento trasero, descansando con los ojos cerrados, aunque Dylan sabía que no estaba dormida.
Después de varios minutos de silencio, Dylan habló.
-- ¿Vas a decirme qué pasa contigo, o tengo que adivinar? --
Ethan no respondió de inmediato, pero finalmente suspiró y giró la cabeza hacia él.
-- Es Lucy -- dijo, su voz apenas un murmullo.
Dylan no dijo nada, pero su mirada permaneció fija en la carretera. Era su manera de decirle a Ethan que lo escuchaba.
-- Cada vez que cierro los ojos, la veo. Veo el fuego, su rostro... el dolor en sus ojos mientras intentaba alcanzarme. Y no puedo hacer nada. --
Hubo un largo silencio entre ellos, roto solo por el ronroneo constante del motor. Finalmente, Dylan habló.
-- No pudiste salvarla, Ethan. Pero estás aquí, vivo. Y si hay algo que ella querría, es que sigas adelante. --
Ethan lo miró, sorprendido por la seriedad en su tono.
-- ¿Cómo haces para seguir adelante después de perder tanto? --
Dylan apretó los labios, sus manos firmes en el volante.
-- No lo hago. Pero aprendí que seguir moviéndote es lo único que puedes hacer, además por más que pienses que estás solo en esto, no lo estás. Me tienes a mi hermano y tú y yo siempre estaremos juntos. –
Ethan asintió lentamente, procesando las palabras de su hermano. Por primera vez en mucho tiempo, sintió que el peso en su pecho era un poco más liviano.
Finalmente, apoyó la cabeza contra la ventana y cerró los ojos.
-- Gracias, Dylan. --
Dylan sonrió apenas, un gesto que pasó desapercibido para Ethan.
-- Duerme, hermano. Lo necesitas. --
Mientras Ethan se sumía en un sueño tranquilo por primera vez en semanas, Dylan lanzó una rápida mirada al retrovisor, donde Zoey fingía estar dormida. Su mente volvía a las preguntas que había dejado sin responder.
Por ahora, las dejaría pasar. Pero sabía que Zoey tenía secretos, y tarde o temprano, iba a descubrir la verdad.
El Impala rugió mientras avanzaban por la carretera, dejando atrás otra ciudad y otra amenaza. Pero sabían que el camino seguía, y el peligro no estaba lejos.