El fantasma de Cornelius

4461 Words
El rugido del motor del Impala y el golpeteo de la lluvia contra el parabrisas marcaban el ritmo de la noche. Dylan, al volante, conducía con una mano mientras tamborileaba los dedos contra el cuero del asiento con la otra. Ethan, en el asiento del copiloto, tenía los brazos cruzados y la mirada fija en la carretera. -- ¿Puedes dejar de hacer eso? -- murmuró Ethan sin girar la cabeza. -- ¿Dejar de hacer qué? -- -- Esa cosa molesta con los dedos. Estoy cansado y me estás volviendo loco -- Dylan sonrió de lado y golpeó el volante tres veces más, solo para molestar. -- Lo que necesitas es dormir. Estás insoportable cuando no duermes, como un gremlin sin su bocadillo de medianoche -- Ethan resopló. -- Lo que necesito es un motel decente, no una cueva de asesinos en serie -- Dylan hojeó la libreta de su padre con una mano mientras mantenía la otra en el volante. -- Aquí hay un hotel a unos kilómetros. "Ashwood Hotel". Suena elegante, ¿no crees? -- Ethan parpadeó. -- ¿Dónde encontraste ese nombre? -- -- En la libreta de papá -- Ethan frunció el ceño. -- ¿Papá escribió sobre este hotel? -- Dylan asintió y giró el libro hacia él. -- Sí. Aunque, técnicamente, escribió "Ashwood Hotel = NO VOLVER JAMÁS". Pero seguro exageraba -- Ethan lo miró fijamente, luego al libro, luego de nuevo a Dylan. -- Dylan. Lee. Entre. Líneas -- -- Lo hice. Y entre líneas dice "Voy a ignorar esto y dormir en un colchón por primera vez en días" -- Ethan suspiró profundamente y apoyó la cabeza contra el asiento. -- ¿No hay otro motel? Uno que no tenga "NO VOLVER JAMÁS" escrito en la libreta de papá -- Dylan giró el volante y tomó la salida hacia el hotel. -- Nope. Es esto o dormir en el coche. Y créeme, no pienso dejar que ronques en mi bebé toda la noche -- Ethan hizo una mueca. -- No ronco -- Dylan soltó una carcajada. -- No tienes pruebas y yo tengo pesadillas -- Ethan bufó y cruzó los brazos. El Impala avanzó por la carretera oscura, acercándose al hotel que, con cada kilómetro, se volvía una idea peor. El Ashwood Hotel apareció entre la neblina como una de esas mansiones embrujadas de las películas de terror. Era un edificio de tres pisos, con un letrero parpadeante que apenas lograba mantenerse encendido. Ethan lo miró por la ventana y resopló. -- Bueno, esto grita "mueran aquí y sus almas quedarán atrapadas para siempre" -- Dylan aparcó el Impala en el estacionamiento vacío. -- Tranquilo. Si fuera un hotel asesino de verdad, habría más autos -- Ethan arqueó una ceja. -- O todos los autos desaparecieron con sus dueños -- Dylan se quedó en silencio un momento y luego encogió los hombros. -- ¿Y qué? Igual necesito dormir -- Ethan bajó del coche, cerrando la puerta con más fuerza de la necesaria. Mientras se encaminaban a la entrada, una ráfaga de viento helado les revolvió el cabello. Ethan se frotó los brazos. -- Esto no es normal. Ni siquiera hace tanto frío -- Dylan señaló el letrero destartalado. -- No es un buen hotel si no parece la escena de un crimen, hermano -- La puerta chirrió cuando entraron, y el vestíbulo se presentó ante ellos con una iluminación deprimente y una decoración que gritaba "aquí han muerto personas". Un candelabro de cristal oscilaba levemente, como si alguien lo hubiera empujado segundos antes. El recepcionista, un hombre de mediana edad con expresión de alguien que se arrepentía de todas sus decisiones en la vida, los miró sin emoción. Dylan se apoyó en el mostrador. -- ¿Cuánto por una habitación? -- El recepcionista hojeó un viejo libro de registros sin siquiera levantar la mirada. -- Tenemos la habitación 13 disponible -- Ethan parpadeó. -- ¿En serio hay una habitación 13? Pensé que los hoteles evitaban ese número -- El recepcionista finalmente lo miró con una mezcla de cansancio y fastidio. -- Este hotel ya tiene suficiente mala suerte. No hace diferencia -- Dylan sonrió. -- Perfecto, la tomamos -- El hombre deslizó la llave sobre el mostrador. Dylan la tomó sin pensarlo dos veces. Mientras subían por las escaleras chirriantes, Ethan suspiró. -- No sé qué me inquieta más, si la existencia de la habitación 13 o el tono deprimente con el que lo dijo ese tipo -- Dylan se encogió de hombros. -- Tal vez deberías relajarte un poco. Quién sabe, a lo mejor este lugar no está embrujado y solo es un nido de cucarachas como cualquier otro motel barato -- Ethan resopló. -- ¿Desde cuándo las cucarachas susurran "váyanse" en latín antiguo? -- Dylan sonrió de lado. -- Ah, qué bueno, ya escuchaste voces. A ver cuánto tardas en salir de aquí gritando como una niña pequeña – Ethan lo miró enojado Al llegar a la habitación Dylan abre la puerta de la habitación 13, la cual se abre con un chirrido espeluznante. Dylan y Ethan se quedaron de pie en el umbral, observando el lugar con expresiones de absoluto desagrado. Era peor de lo que imaginaban. Las paredes tenían un papel tapiz desgarrado y manchado con algo que esperaban fuera humedad. El techo presentaba marcas oscuras sospechosas, como si alguien hubiera intentado limpiarlas y luego se hubiera rendido. El suelo crujía con cada paso, y el olor a moho era tan intenso que Ethan arrugó la nariz. -- Bueno… esto explica el precio -- dijo Dylan, aventando su bolsa sobre la cama más cercana. Ethan miró ambas camas con recelo. -- No duermo aquí ni aunque me paguen -- Dylan sonrió burlón. -- ¿Y qué vas a hacer? ¿Dormir en la bañera? -- Ethan entrecerró los ojos, inspeccionó el baño rápidamente y luego asintió. -- Sí. Definitivamente la bañera es más higiénica que esto -- Dylan soltó una carcajada mientras sacaba sus cosas. -- Eres un drama, hermano -- Ethan cruzó los brazos. -- ¿Ah, sí? Mira esto -- Se agachó y levantó la sábana de una de las camas. En cuanto lo hizo, tres cucarachas salieron corriendo en direcciones opuestas. Ethan dio un paso atrás con una mueca de asco. Dylan, en cambio, se limitó a asentir. -- Vale, tienes razón. Duermes en la bañera -- Ethan señaló la cama. -- ¿Y tú qué? ¿Te vas a acostar ahí como si nada? -- Dylan sacó su navaja de caza, se acercó a la cama y, sin dudarlo, rajó el colchón de lado a lado. Un par de bichos más salieron corriendo. -- Problema resuelto -- dijo, lanzándose sobre la cama como si fuera la cosa más cómoda del mundo. Ethan lo miró con una mezcla de incredulidad y asco. -- Eres un animal -- Dylan se acomodó con una sonrisa. -- Nah. Solo soy un cazador con prioridades. No me importa lo que haya aquí mientras pueda dormir -- Ethan suspiró, resignado. -- Bien. Pero si en mitad de la noche sientes algo moviéndose bajo tu espalda, no me pidas ayuda -- Dylan cerró los ojos. -- Si en mitad de la noche oigo tus gritos porque viste una sombra en el baño, tampoco me despiertes -- Ethan bufó y se dirigió al baño con su almohada. -- Eres imposible -- Dylan se acomodó aún más en su cama, con una expresión satisfecha. -- Y tú un príncipe delicado. Buenas noches, princesa de la bañera -- Ethan cerró la puerta con un portazo. Dylan se quedó en la cama, disfrutando del silencio… hasta que escuchó un ruido proveniente del armario. Levantó una ceja. -- Oh, genial. ¿Qué será ahora? ¿Un fantasma, un demonio o una rata del tamaño de un perro? -- Dylan suspiró al escuchar el ruido dentro del armario. Podría ignorarlo y dormir tranquilamente… pero conocía su suerte. Si lo dejaba pasar, probablemente se despertaría en mitad de la noche con algo chupándole la cara. Así que, con toda la paciencia del mundo, se incorporó, agarró su navaja de caza y caminó descalzo hacia el armario. El suelo crujía con cada paso. El armario parecía antiguo, con una madera oscura y gastada. Tenía dos puertas con pomos de bronce corroído, y el aire a su alrededor olía aún peor que el resto de la habitación. -- Muy bien -- murmuró, sujetando la navaja con firmeza -- Si eres un fantasma, te sugiero que hagas un ruido espeluznante para asustarme y te ahorres el problema de pelear. Si eres una rata, tienes cinco segundos para irte antes de que te haga una autopsia gratuita – un silencio profundo inundó la habitación. Dylan entrecerró los ojos. A la de tres, abrió ambas puertas de golpe. Y entonces... Nada. El armario estaba completamente vacío. Ni ropa vieja, ni cadáveres escondidos, ni portales al infierno. Nada. Dylan arqueó una ceja. -- ¿Me estás jodiendo? -- Cerró las puertas, giró sobre sus talones y caminó de vuelta a la cama. CROK. El ruido volvió a sonar. Dylan se detuvo. Miró de reojo el armario. Silencio otra vez. Frunció el ceño, retrocedió y abrió las puertas de golpe otra vez. Nada. Dylan entornó los ojos. -- Vale, si es una broma del hotel, tengo que admitir que es una muy buena -- Cerró las puertas con más fuerza esta vez y, cuando se dio la vuelta… CROK. Dylan se quedó congelado. Lentamente, volvió a girarse hacia el armario. Las puertas seguían cerradas. El cazador pasó la lengua por sus dientes, sacó su pistola de la maleta y la apuntó directamente a la madera. -- Última oportunidad. Si eres un bicho, corre. Si eres un espíritu, desaparece. Si eres un asesino en serie, hazme el favor de gritar para que sea más divertido -- Silencio total. Dylan suspiró, bajó la pistola y abrió el armario de una patada. Esta vez, el armario no estaba vacío. Dentro, había un pequeño televisor empotrado en la pared, viejo, con una pantalla llena de polvo y un control remoto pegado con cinta adhesiva en el estante superior. Dylan parpadeó. Apretó los labios y se frotó la cara con una mano. -- … No puede ser que esté pagando por esta porquería -- Apretó el botón de encendido. El televisor se prendió de golpe con un sonido agudo y estático. La imagen era borrosa, pero se distinguía un mensaje en letras rojas sobre un fondo n***o: "DISFRUTE DE SU ESTANCIA EN EL HOTEL GRIMWOOD. NUNCA SALGA DESPUÉS DE LA MEDIA NOCHE." Dylan resopló. -- Publicidad barata de horror. Lo de "nunca salga después de la medianoche" es demasiado cliché -- Estaba a punto de apagarlo cuando la pantalla cambió y apareció una imagen en blanco y n***o. Era la habitación en la que estaban. La misma cama. La misma lámpara. La misma ventana. Pero con una diferencia... En la grabación, alguien estaba acostado en su cama. Alguien que no era él. Dylan entrecerró los ojos. El cuerpo en la cama estaba cubierto con una sábana, inmóvil. Luego, en la imagen, la puerta del baño comenzó a abrirse lentamente. Dylan ladeó la cabeza. -- ¿Pero qué demonios? -- Antes de terminar la frase, la imagen en la pantalla se distorsionó y el televisor se apagó de golpe. Silencio. Dylan parpadeó. Se quedó mirando la pantalla negra por un par de segundos. Luego se giró hacia el baño, donde Ethan dormía en la bañera. Miró la cama otra vez. Apretó los dientes. -- Si este hotel está tratando de hacerme creer que hay fantasmas, van a necesitar más que un truco barato de televisión -- Se levantó y fue directo al baño. Abrió la puerta de golpe. Ethan dormía profundamente, abrazando su almohada como si su vida dependiera de ello. Dylan lo miró un momento y luego sacudió la cabeza. -- Definitivamente no le diré nada de esto -- Cerró la puerta y se dejó caer en su cama. Si el hotel intentaba asustarlo, lo único que habían conseguido era que su estadía le pareciera más entretenida. Con una sonrisa, cerró los ojos y se quedó dormido. Dylan se despertó con un gruñido. Había dormido mal. No por miedo, claro. No era un niñato como Ethan. Pero ese hotel apestaba en más de un sentido. Se sentó en la cama y se frotó la cara con ambas manos. Ethan, en cambio, dormía como un bebé en la bañera. Dylan se levantó y se acercó al baño. -- Eh, princesa, arriba. Vamos a desayunar -- Ethan gruñó en respuesta y se hundió más en la almohada. Dylan resopló. -- Bien, lo hiciste a la fuerza -- Agarró la ducha, abrió el agua fría y la dirigió directamente a la cara de su hermano. Ethan pegó un grito y se levantó de un salto, jadeando. -- ¡¿QUÉ TE PASA, PSICÓPATA?! -- Dylan sonrió con satisfacción. -- ¿Qué? Dijiste que el hotel estaba caliente. Te refresqué -- Ethan le fulminó con la mirada, chorreando agua como un perro mojado. -- Que te jodan -- murmuró, saliendo de la bañera con torpeza -- Algún día me vengaré de todas estas mierdas -- Dylan se encogió de hombros. -- ¿Listo para el desayuno? -- -- Sólo si no intentan envenenarnos -- respondió Ethan, sacando una camiseta seca de su mochila -- Aunque con lo que pagaste, no me sorprendería que nos sirvieran ratas con salsa de tomate -- Dylan rió. -- Sería más nutritivo que lo que comes normalmente -- Ambos salieron de la habitación y bajaron al comedor del hotel. El lugar estaba… vacío. No vacío en el sentido de “poca gente”. Vacío en el sentido de que parecía que nadie lo había usado en años. Las mesas tenían un mantel polvoriento, las sillas rechinaban, y en el centro del comedor había un viejo bufé con bandejas metálicas. Ethan y Dylan se miraron. -- Este lugar grita “intoxicación alimentaria” -- dijo Ethan. -- Bah, deja de ser tan paranoico -- Dylan caminó hacia el bufé y miró las opciones de desayuno. Había huevos revueltos que parecían de plástico. Salchichas de un color cuestionable. Y pan que, a juzgar por su dureza, podría usarse como arma en un asalto. Dylan tomó un plato y se sirvió huevos y salchichas sin dudar. Ethan lo miró horrorizado. -- No vas a comer eso -- -- ¿Por qué no? -- -- Porque quiero que sigas vivo al menos una semana más -- Dylan bufó. -- Has comido cosas peores, no te hagas el delicado -- Ethan suspiró y tomó una taza de café. Le dio un sorbo… y escupió todo en el suelo. -- ¡¿Qué demonios es esto?! -- Dylan, con la boca llena, le miró divertido. -- ¿Tan malo está? -- Ethan lo miró con seriedad. -- Esto no es café. Esto es el maldito apocalipsis en una taza -- Dylan se encogió de hombros y bebió un sorbo del suyo. Tragó lentamente. Miró la taza. Y luego miró a Ethan con expresión de horror. -- Es como… si el infierno tuviera sabor -- Ethan asintió. -- Y me atrevería a decir que fue filtrado con calcetines sucios -- Ambos dejaron las tazas en la mesa al mismo tiempo. En ese momento, un hombre apareció de la nada, un recepcionista flacucho con una sonrisa inquietante. -- ¡Buenos días, huéspedes! ¿Cómo fue su descanso? -- Dylan y Ethan se miraron. -- Fue… inolvidable -- dijo Dylan. Ethan entrecerró los ojos. -- ¿Qué le pasó al café? -- El recepcionista sonrió aún más. -- ¡Es nuestra receta especial! Café Ashwood, con un toque de especias locales -- -- ¿Qué especias? -- El hombre no respondió. Solo sonrió. Dylan le dio un codazo a Ethan. -- No preguntes cosas de las que no quieres saber la respuesta -- El recepcionista juntó las manos. -- ¡Ah! También quería recordarles algo muy importante -- Los hermanos esperaron. -- Por favor, no salgan de sus habitaciones después de la medianoche -- Ethan levantó una ceja. -- ¿Por qué? -- El hombre mantuvo su sonrisa. -- Porque la tarifa por salir después de la medianoche es el doble -- Dylan se echó a reír. -- ¡¿De eso se trata?! ¡¿Es una estafa para cobrar más dinero?! -- El recepcionista inclinó la cabeza. -- No nos gusta llamarlo “estafa”. Preferimos “regla de la casa” -- Ethan negó con la cabeza. -- No puedo creerlo. Este lugar es un maldito chiste -- Dylan terminó su plato y se estiró. -- Bueno, al menos el desayuno es gratis -- Ethan le miró con asco. -- No estoy seguro de que eso sea algo bueno -- Finalmente, Ethan suspiró. -- Tenemos que largarnos de este sitio lo antes posible -- Dylan asintió. -- Pero después de la medianoche, para ver qué pasa -- Ethan le fulminó con la mirada. -- No. No vamos a hacer eso -- Dylan sonrió. -- ¿Tienes miedo? -- -- No tengo miedo. Solo tengo instinto de supervivencia, cosa que tú claramente no tienes -- Dylan se encogió de hombros. -- Me gusta arriesgarme. Hace la vida más interesante -- Ethan frotó sus sienes. -- Un día te vas a arriesgar demasiado y te vas a arrepentir -- Dylan le guiñó un ojo. -- Hasta ahora, sigo vivo -- Ethan suspiró y se levantó. -- Terminemos esto rápido. No quiero pasar otra noche en este maldito hotel -- Dylan sonrió para sí mismo mientras terminaba su desayuno. Porque sabía perfectamente que, le gustara o no, Ethan no tendría otra opción. Después de un día de soportar el calor infernal de su habitación y la incomodidad de una ducha que solo tenía agua hirviendo o gélida, Ethan estaba al borde de la locura. Dylan, en cambio, parecía estar disfrutando cada segundo de la pesadilla que era ese hotel. A las 11:45 p.m., Ethan miró el reloj de su teléfono y suspiró. -- Quince minutos para la medianoche. Ni se te ocurra salir -- Dylan, que estaba acostado en la cama con los brazos detrás de la cabeza, sonrió. -- Ya veremos -- Ethan frunció el ceño. -- No hay nada que ver. Nos vamos a dormir, despertamos, nos largamos de aquí y fingimos que este lugar nunca existió -- Dylan bostezó. -- O... podemos salir después de la medianoche y averiguar si el recepcionista nos estaba tomando el pelo -- -- NO -- Ethan cruzó los brazos -- No pienso pagar ni un centavo más por este basurero -- -- Entonces no pagamos -- Dylan le guiñó un ojo. -- ¡No voy a ser cómplice de tu ridículo plan! -- Dylan se rió. -- No sé por qué te alteras tanto. No puede ser peor que el desayuno -- Ethan frunció el ceño, pero antes de poder responder, las luces de la habitación parpadearon. Los hermanos se quedaron en silencio. Después, el televisor se encendió solo. En la pantalla solo había estática. -- Muy sutil -- dijo Ethan, rodando los ojos -- ¿Qué es lo siguiente? ¿Una voz susurrando “lárguense” en mi oído? -- En ese momento, una voz siseó en su oído: -- Lárguense... -- Ethan saltó del susto y se estrelló contra la pared. Dylan se tapó la boca para no reírse. -- ¿Ahora sí crees que vale la pena investigar? -- Ethan, con el corazón latiéndole a mil, señaló la puerta. -- NO. Nos vamos a quedar aquí y... -- El armario se abrió de golpe. Ambos se quedaron en silencio. Dylan miró a Ethan. -- ¿Estabas buscando una señal para largarte? Porque creo que la acabamos de recibir -- Ethan tragó saliva. -- Vale. Pero si me cobran de más, te mato -- Los hermanos tomaron sus cosas y abrieron la puerta de la habitación. El pasillo estaba oscuro. El letrero de "Salida" parpadeaba al final del pasillo. Ethan y Dylan comenzaron a caminar en silencio. A la mitad del pasillo, un ruido los detuvo. Era un sonido extraño, como si algo viscoso estuviera arrastrándose por el suelo. Ethan miró a Dylan. -- ¿Eso era parte del paquete del hotel? -- Dylan negó con la cabeza. -- No creo. Pero vamos a comprobarlo -- -- ¿Por qué? ¡¿Por qué no podemos hacer lo sensato y seguir caminando?! -- -- Porque “lo sensato” no es divertido -- respondió Dylan con una sonrisa. Dylan sacó su linterna y apuntó al final del pasillo. Una figura estaba de pie frente a ellos. Era el recepcionista. Pero algo en él no estaba bien. Su sonrisa era más amplia, más antinatural. Sus ojos eran completamente negros. Ethan tragó saliva. -- Me cago en todo -- Dylan levantó una ceja. -- Amigo, ¿te encuentras bien? -- El recepcionista ladeó la cabeza. -- Las reglas... son importantes... -- Ethan y Dylan intercambiaron miradas. -- Dylan. Creo que acabamos de meternos en un problema -- -- ¿Solo porque el recepcionista parece un demonio? Nah, estamos bien -- Ethan le dio un manotazo en el brazo. -- ¡No hagas bromas ahora! -- El recepcionista dio un paso adelante. -- Las reglas... deben ser obedecidas... -- De repente, las luces se apagaron. Y todo el hotel tembló. Ethan y Dylan sintieron una ráfaga de aire helado pasar por ellos. Cuando las luces volvieron, el recepcionista había desaparecido. Pero el pasillo ya no era el mismo. Las paredes estaban cubiertas de moho n***o. Las puertas de las habitaciones parecían estar hechas de madera podrida. Y un sonido gutural provenía del otro extremo del pasillo. Dylan suspiró. -- Vale. Ahora sí creo que nos pasamos de listos -- Ethan sacó su cuchillo y miró a su hermano. -- No vuelvas a reservar un hotel en tu vida. Nunca más -- Dylan sonrió. -- Prometo nada -- Y con eso, ambos comenzaron a correr por el pasillo embrujado. Ethan y Dylan corrieron por el pasillo embrujado sin mirar atrás. Las luces parpadeaban, el suelo crujía bajo sus pies y el aire se llenó de un hedor putrefacto. -- ¡Te dije que este hotel era una pésima idea! -- gritó Ethan. -- ¡Sí, sí, ya lo entendí! ¡Pero al menos no nos cobraron extra por el infierno en vivo! -- respondió Dylan con una sonrisa nerviosa. Dieron la vuelta en una esquina y se detuvieron en seco. Frente a ellos, un anciano de aspecto demacrado estaba sentado en una mecedora en medio del pasillo. Llevaba una bata de baño mugrienta y tenía una taza de té en la mano. -- Buenas noches, muchachos -- dijo con voz rasposa -- Huyen del recepcionista, ¿verdad? -- Ethan miró a Dylan. -- Perfecto. Ahora tenemos un viejo fantasmal con una taza de té en nuestra lista de problemas -- Dylan levantó las manos en señal de paz. -- Eh, señor, ¿sabe cómo salir de aquí? -- El anciano tomó un sorbo de su té, chasqueó la lengua y señaló una puerta al final del pasillo. -- La salida está por allá... pero dudo que lleguen -- Ethan suspiró. -- Genial. Me encanta cuando nos dan esperanza solo para quitárnosla al instante -- -- ¿Por qué no podríamos haber terminado en un hotel normal? -- Dylan suspiró -- Con cucarachas, paredes manchadas, tal vez un asesino en serie... pero no, tenía que ser un maldito portal al infierno -- El anciano rió entre dientes. -- Este hotel es un castigo para los que no siguen las reglas -- Ethan frunció el ceño. -- ¿Entonces todo esto está pasando porque... no respetamos el horario de salida? -- El anciano asintió. Dylan se frotó la cara. -- Esto es una broma -- El anciano sonrió. -- No, es la maldición del Ashwood Hotel -- Ethan suspiró. -- De todas las cosas absurdas en las que nos hemos metido, esto es lo más estúpido -- Dylan asintió. -- Lo peor es que tienes razón -- El anciano se levantó lentamente de la mecedora. -- Pero... todavía pueden escapar. Solo tienen que llegar a la puerta -- Ethan miró la puerta al final del pasillo. -- Fácil. Vámonos -- -- No tan rápido -- el anciano sonrió de una forma inquietante -- El recepcionista no los dejará salir tan fácilmente -- Ethan iba a responder cuando de repente el pasillo tembló y la puerta se desvaneció en el aire. En su lugar, apareció el recepcionista, con la misma sonrisa escalofriante y los ojos completamente negros. Dylan suspiró. -- Lo que faltaba -- El recepcionista extendió una mano y su voz resonó con un eco fantasmal. -- Sus almas pertenecen al hotel ahora... -- Ethan miró a Dylan. -- ¿Plan A? -- -- Siempre -- Dylan sacó su escopeta, Ethan aferró su cuchillo y los dos se lanzaron contra el recepcionista. El recepcionista gritó con una voz inhumana cuando Ethan le clavó el cuchillo en el pecho. Su piel se agrietó y comenzó a liberar un humo n***o. Dylan le disparó a quemarropa con la escopeta. El cuerpo del recepcionista se retorció y explotó en una nube oscura que llenó el pasillo. Los hermanos tosieron y agitaron las manos para disipar el humo. Cuando la neblina se despejó, el hotel había vuelto a la normalidad. Las paredes ya no estaban cubiertas de moho, las luces eran estables y, lo mejor de todo, la puerta de salida estaba de vuelta. Ethan y Dylan se miraron. -- ...¿Eso fue todo? -- preguntó Ethan. -- Parece que sí -- Dylan guardó su escopeta y se encogió de hombros -- Bueno, salgamos de aquí antes de que aparezca otro loco con una taza de té -- Corrieron hacia la puerta y la atravesaron sin mirar atrás. Cuando salieron, se encontraron en el estacionamiento, junto al Impala. El aire nocturno era fresco y normal. No había señales del hotel embrujado. Ethan apoyó las manos en las rodillas, tratando de recuperar el aliento. -- Esto ha sido lo más ridículo en lo que nos hemos metido -- Dylan sonrió. -- Pero admitámoslo, fue divertido -- Ethan lo fulminó con la mirada. Dylan abrió la puerta del Impala y se subió. -- La próxima vez, buscaremos un hotel con desayuno decente -- Ethan entró al auto y cerró la puerta de golpe. -- La próxima vez, dormimos en el coche -- Dylan arrancó el motor y el rugido familiar del Impala los reconfortó. Sin decir más, se alejaron del hotel, dejando atrás una experiencia que definitivamente no contarían en detalle a nadie.
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