Por una vez en la vida

890 Words
Andy y Sebastian se mantuvieron en silencio durante un momento. Ella tomó un sorbo de su batido y él hizo lo mismo con el suyo. Al ser una cafetería perteneciente al gimnasio no había mucho que escoger en la carta, por lo que ambos terminaron ordenando simples jugos de proteínas. Sebastian pensó que las cosas no iban bien, ni siquiera habían dicho algo más y esa tampoco era una buena idea para lo que él creía era una primera cita. –¿Eres muy amigo de Arturito? –Preguntó ella y él agradeció que ella iniciara la plática– –No ¿Por qué? ¿Acaso te gustó? Sus preguntas podían interpretarse de mala onda, pero para su suerte ella solo rió. –No, simplemente me dio curiosidad ya que la otra noche te apareciste con él. Respiró aliviado al saber que ese patán no le agradaba. –Ambos somos compañeros de universidad. Él es el mayor de nuestra clase y se le ha complicado llevar el ritmo de estudio. Me paga para hacer algunos trabajos que necesita. En realidad tampoco me importa ser su amigo, fui a cobrarle el último resumen que hice para él y me dijo que primero lo acompañara al bar en donde estabas ustedes. No tenía idea que estarías ahí… –Eso me hace más sentido. Pareces alguien opuesto a Arturo. Y era la verdad. Arturo había demostrado ser un mujeriego, él no era de esos tipos. –Tu amiga parecía muy cómoda a su lado. –El Alcohol se le había subido un poco a la cabeza –se excusó algo tímida– La cosa se tornó un poco más seria. –Ahora si puedes volver a preguntarme lo de hace rato. ¿Por qué los hombres nos fijamos más en el cuerpo y no en lo realmente importante? Su sonrojo volvió a crecer. Por un momento creyó que él no había escuchado la pregunta, pero resultaba que si. –Lo lamento, solo dije sin pensar. –Creo que se debe a que muchos tienen las hormonas alborotadas. –se lo respondió así, sin miramientos– –Si, eso supuse. –Muchos. –recalcó– No todos. –¿Y tú? –consultó bromista– –Eso va a depender… –¿Depender de qué? –La Andy coqueta había regresado. Colocó los brazos sobre mesa y se las arregló para mirarlo fijo y seductora– –De en quién me fije –se llevó la pajita a la boca con descaro, plantándole los ojos en todo momento para no demostrar debilidad– –Eres un chiquillo muy gracioso, pero es normal. Cuando tenía tu edad yo también quería comerme el mundo. –No soy un chiquillo, tengo veintitrés. –Eres un chiquillo. –reafirmó Andy sin temor a equivocarse– –Puedo demostrarte que la edad solo es un número de una y mil maneras. –¿Ah sí? Pues yo lo dudo, un niño es un niño ponga lo que se ponga. Andy no tenía idea de en qué momento la plática se había puesto tan picante. Mucho menos entendía por qué se comportaba tan odiosa con él y le respondía al pie de la letra. –Una sola, –Sebastian levantó el dedo índice, haciendo alusión al número uno– dame una sola oportunidad para demostrarte que estás equivocada. Entonces a Andy se le prendió el foco. No tuvo tiempo de repasar en su mente si era una buena idea o no, pero se lanzó a proponerlo sin darle muchas vueltas. –¿Qué harás este fin de semana? –¿Me va a invitar a una cita señorita Andrea? –respondió él tratando de no dar a notar esa sonrisa complacida– –El sábado tengo una fiesta. ¿Estarías dispuesto a acompañarme y comportarte a la altura? –enarcó una ceja, retandolo– Es una prueba grande, podrás pasarla solo si estás convencido de que no eres un niño. –Siempre me han gustado los retos. ¿A qué hora paso por ti? –Tranquilo ahí pequeño. El evento al que iremos es importante, así que necesitas ponerte el traje perfecto. Podemos reunirnos en la semana para buscar lo que necesites ¿Tienes tiempo? –Todo el tiempo del mundo. Su mente gritaba para dentro de sí misma que todo era una locura, sin embargo, ya no podía retroceder. “Por una vez en la vida haz algo arriesgado” Rezó para sí misma e intercambió su número de celular con Sebastian. “Espero que todo resulte bien” –Cuando todo esto termine, quedarás boquiabierta. –se atrevió a regodearse frente a ella– –Y espero que sea por algo positivo. Se puso de pie, iba a despedirse pero lo siguiente la descoloco. –Para cuando te logre sorprender quiero ser yo quien escoja todo sobre la segunda cita. ¿Segunda? ¿Cómo estaba tan seguro de que habría una segunda? Peor aún, la primera salida ni siquiera sería una cita. –¿Es un requisito para que aceptes la salida de este fin de semana? –el negó– –No, pero si voy a impresionarte al menos debo tener una recompensa ¿No? Te prometo que no te arrepentirás. Andy asintió solo por orgullo. No se dejaría vencer por ningún chiquillo con complejo de adulto.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD