Tomar las riendas

1220 Words
–¿Acaso estás loca? ¡Ahora si ya tronaste! –No tiene nada de malo, solo estoy llevando un invitado. –No estás llevando un acompañante ¡Estás llevando a un chiquillo! –Stephany suspiró– Cuando por fin logro convencerte de ir a esa reunión anual ¡Me sales con esto! –Yo te advertí que iría solo si encontraba alguna razón para hacerlo…. Stephany negó con seguridad. –Estás yendo con ese chico para sacarle celos a Ayden. –Andy no supo en dónde esconder la cara, su amiga tenía en claro sus intenciones pese a que ella ni había comentado nada– Mira, yo entiendo que Sebastian es muy guapo. No vamos a mentir, el chiquillo ese está para que una se lo coma y hasta repita. –corrigió con ese aire pícaro muy propio de su persona– Pero tampoco es para tanto… –Ya es muy tarde, ya lo invité. –¡Pues desinvitalo! ¡Inventale cualquier excusa! –Eso no se puede… –¿Ah no? ¿Y por qué? –su amiga la miró confundida– –Porque ya le mandé a comprar un traje a su medida. Stephany tuvo que sujetarse al asiento, porque sintió como sus pies querían desprenderse del suelo. Andy la ignoró una vez más, se acercó al espejo y comprobó que se veía como pocas veces, arrebatadora. El vestido n***o de tela de satén era sencillo, pero el escote en la espalda dejaba mucho que desear a simple vista. El peinado recogido en una coleta alta era perfecto y elegante. Casi nunca se sentía sensual, aunque sospechó que desde ese momento estaba en vísperas de su tiempo de empoderamiento. –¡Estás enferma! Llevar a un chico desconocido y más joven solo evidenciará lo desesperada que estás por vengarte de Ayden. Stephany tenía un punto a favor, sin embargo, algo en el interior de Andy decía que esa noche no sería tan mala. El timbre sonó y Stephany dudó si abrir la puerta. –Esto es una locura. Le advirtió por última vez antes de recibir al que ya sabía que sería Sebastian. La nueva imagen del joven la dejó impresionada, no pudo rehusarse a decir que se veía mal o no estaba a la altura de la gala. Andrea había atinado a la perfección al escoger aquel traje oscuro para él, además se había cortado el cabello y lucía como un galán de portada de algún libro. Sebastian sonrió al no recibir ninguna palabra o permiso para ingresar a la casa. Por un momento creyó que Stephany no lo dejaría entrar nunca. –Buenas noches Stephany, vengo a buscar a Andy. –Ah si, si. –respondió luego de salir del asombro y le dejó el paso para que pudiese esperarla en la sala– Toma asiento, ella saldrá en cualquier momento. Solo se está dando los últimos retoques. Sebastian obedeció y se sentó en el sofá, ignorando la mirada insistente de la chica a su lado. –Te ves bien, no lo puedo negar. –él asintió como una forma muda de agradecimiento– Solo espero que esa galantería te dure toda la noche y no dejes mal a mi amiga. –Por supuesto que no, se lo prometí. –Me aseguraré de eso. Andy ya ha sufrido lo suficiente como para que un niñato venga a romperle el corazón. –¿Cómo? ¿Ha sufrido? Preguntó él, presa de la curiosidad. Stephany iba a explicárselo sin ningún problema, pero la figura de la mencionada eclipsó cualquier tipo de cuestión. –Buenas noches Sebatian, que bien te ha sentado el traje. La manera de caminar, la sonrisa y maquillaje en sus ojos resaltaba aún más su belleza. Sebastian quedó sin palabras al observar cómo se daba los últimos retoques con el labial carmín frente al espejo junto a la ventana. Las ondas de su cabello rubio, a las que estaba acostumbrado, desaparecieron esa noche convirtiéndola en lacia. Apludió y rezó en nombre de aquel bendito vestido n***o que le dejaba ver su tersa espalda desde la caderas hasta el cuello. Imaginó pasar su mano por ahí. Tocar con la yema de los dedos aquella provocativa zona y ser testigo de como Andy lo recibía con una sonrisa de satisfacción. El solo emularlo en su mente provocaba una oleada de placer que obtenía su punto máximo justo en sus pantalones. –¿Sebastian? –consultó la misma, sacándola del encanto– ¿Estás bien? –¿Ah? Si… si… Solo estaba pensando. Se puso de pie de inmediato para disimular el nuevo cambio en la parte baja de su anatomía. –Te ves preciosa. –soltó con una sonrisa– Tendré que luchar por ser tu centro de atención ya que estoy seguro que más de uno se fijará en ti. –Eres muy tierno… Sintió que “ternura” no era una palabra adecuada para resumir todos los pensamientos morbosos que tenía en ese momento. –¡Bueno! ¿Qué esperan? Se les hace tarde… Stephany los animó a ponerse en marcha. Cuando ambos dejaron el edificio Sebastián supo que era su momento para tomar las riendas. –Acostumbro utilizar mi moto para movilizarme a todas partes, –explicó una vez que estuvieron en la calle– sin embargo, sabía que esta noche sería importante para ti así que le pedí prestado el auto a un buen amigo. –¿Pediste prestado un auto? Andy rió, sabía que alguien de su edad no podía manejar un auto tan sofisticado. No obstante, no podía restarle puntos porque tomó la iniciativa de conseguir un transporte digno solo para esa noche. Sebastian titubeó un poco pero a fin de cuentas le tomó la mano y la guió por unos metros más allá de su punto, en donde se estacionaba un Lamborghini n***o. Andy no pudo ocultar su asombro. –Le tuve que pedir encarecidamente a mi compañero de departamento que me dejara usar una de sus pertenencias más valiosas. –le abrió la puerta del copiloto como todo un caballero y la ayudó a entrar– Más nos vale disfrutarlo mientras lo tengamos. Andy escondió el sonrojo que se instaló en su cara cuando él se subió al auto y se colocó frente al volante. Al parecer venía más que preparado tal y como prometió, cosa que le agradaba. Hacía bastante tiempo que ningún caballero se tomaba tantas molestias por ella. –Tengo el presentimiento de que la noche será agradable. Se aventó a decir Sebastian, seguro de que su plan saldría a la perfección. –Eso espero, porque a donde nos dirigimos la noche será un constante campo de batalla. –¿Cómo estás tan segura de eso? Andrea no respondió, sin embargo, otra duda acaparó su mente. Lo dudó brevemente hasta que halló el valor para pronunciarlo. –Sebastian. –llamó y él trató de no quitar la vista del frente– ¿Has estado antes con una mujer mayor? Tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no perder el control ante semejante pregunta. Hizo uso de todo su autocontrol para responder tratando de parecer seguro. –No. Lo siguiente lo descolocó. Andrea esbozó una sonrisa coqueta y lo miró fijamente con aquellos ojos avellana. –¿Y te gustaría? El auto se detuvo de súbito.
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