Sueño Treintañero

1126 Words
–Mira nada más eso… ¿Pero de dónde sacaste ese tan costoso traje Sebastiancito? Diego, su compañero de departamento, pasó por su lado con una mirada llena de burla al ver como Sebastian se probaba frente al espejo aquel traje tan elegante y recién entregado. Era la primera vez que recibía un regalo así de una mujer que no fuera de su familia. Mientras vislumbraba cada detalle al espejo no pudo evitar pensar cuánto se habría gastado Andy en un presente como ese. –¿Quién te ha dado eso? ¿La señora con la que sales? –se mofó Diego una vez más– –Ya te dije que no es una señora. –¿Entonces qué es? ¿Una señorita? Sebastian no quería ponerse a dar explicaciones. Ya le había contado unas noches antes sobre Andy, sin obviar el pequeño detalle de la diferencia de edad entre ambos. El rostro de Diego pasó a ser uno de sorpresa hasta convertirse en uno bufón, cuando soltó que Andrea cumpliría los treinta dentro de pocos meses. “¿Me lo estás diciendo en serio? ¿Estás saliendo con una señora?” Desde ese momento su compañero le había hecho la misma pregunta cerca de siete veces y no paraba de llamarla “Señora”. –¿Eres alguna especie de gigoló o algo así? –soltó de repente y Sebastian no supo si reir o lanzarle algún objeto cercano a su punto de visión– –No. –respondió respirando para evitar algún ataque contra él– No lo soy. Ya te lo dije, vi a Andrea muchas veces en el gimnasio, me pareció una chica muy hermosa que atrapó mi mirada en poco tiempo. No tiene nada de malo que me acerque a ella… –Bueno, acaba de regalarte un traje hecho a medida. Ese tipo de cosas no cuestan barato… Diego se acercó hasta el espejo y ambos miraron directamente le reflejo. No se podía negar que las piezas le entallaban demasiado bien y sumado a su buen porte, resultaban una excelente combinación. –Entonces, déjame entender ¿Irás a un reencuentro de ex alumnos? Él asintió probando algunas poses que lo harían ver más galante. –Le prometí a Andy que me portaría a la altura, sin embargo, no tengo mucha información sobre el evento. Diego se sentó en el sofá y tomó una bolsa de papitas en lo que se acomodaba para ser el consejero de su amigo. Pese a todo, no pensaba dejarlo solo en un momento tan extraño pero importante para él. No había visto a Sebastian tan emocionado desde hacía un buen tiempo. –A ver, vamos a repasar. Si te invitó a un evento de esa envergadura quiere decir que necesita lucirse con una pareja decente y no vamos a negarlo, ha dado en el clavo con esa ropa. –elevó el dedo pulgar hacía él como si estuviera haciéndole una evaluación completa– Pero hay algo más en lo que debes pensar además de lucirte… –¿Qué cosa? –Como vas a presentarte ¿No has pensado en que estarás rodeado de más treintones que solo buscan pavonearse sobre el estilo de vida que obtuvieron después de la universidad? No lo había pensado de esa forma, pero no podía negar que su amigo llevaba la razón. –Quizá sea un poco incomodo para ti, pero creo que deberías aparentar un poco más de lo que eres. –¿Eh? –Pues es sencillo. Podrías decir que ya estás a meses de graduarte, que tienes buenas propuestas laborales para cuando salgas y te encuentras evaluando cuál es la mejor para ti, porque te pondrás a laborar de inmediato. –Bueno, eso no está tan lejos de la realidad. Sin embargo… aún no tengo ninguna propuesta de trabajo. Suspiró al sentir que el futuro se le venía encima de manera inevitable y él todavía no sabía cómo enfrentarlo. –Eso ya se sabe idiota, pero debes aparentar la madurez que se requiere para ese evento. Ya bastante escándalo van a causar cuando digas que tienes menos edad, por lo menos hazles ver a todos que tu señora apostó por algo seguro. No por cualquier niñato inmaduro que encontró en el gimnasio. –¡Gracias! –respondió irónico, sintiéndose aludido– Hubo un silencio peligroso en el ambiente. Sebastian sabía que cuando su rubio amigo callaba de esa forma y de repente, se debía a que estaba maquinando una bizarra idea. –¿Por qué no les dices a todos que tienes veintisiete? –¿Qué? ¿Estás bromeando? –No. –lo propuso muy serio y aún meditándolo– No causará tanta sorpresa cuando menciones esa edad. No es una mentira completa, porque después de todo igual seguirás siendo menor que tu señora. –Andy… –lo corrigió, como si eso fuera lo más importante– Todos le dicen Andy. –Como sea. Ese día tienes que ser un caballero… Diego desapareció tras el pasillo de sus habitaciones sin dar más explicaciones. Luego de un breve momento apareció frente a él con un libro de mediano tamaño en las manos, extendiéndolo para ofrecerselo. –Ten, necesitas leer esto y portarte como esos galanes noveleros que leen y ven en televisión las treintañeras. –¿Qué es esto? Sebastian lo tomó y leyó el título “Manual de Etiqueta y Protocolo en la Mesa” y no supo que le sorprendió más. Que su amigo tuviera un libro de ese tipo escondido en su alcoba, el creer que quizá había leído un poco de ello o que hubiese tenido la brillante idea de darselo en un momento tan cumbre. –¿Cómo es que tienes esto? –La señora Mercy me lo dio hace unas semanas. Me vio comer en la mesa de la universidad y dijo que lo necesitaba con urgencia. La señora Mercy era una de las docentes universitarias más exquisitas y meticulosas que había visto en su vida. Se imaginó a la profesora con aquellos chalecos de rayas que siempre usaba y esas gafas puntiagudas, mirando con indignación como Diego comía su almuerzo. Probablemente charlaba mientras tenía la boca llena de comida. –Voy a leerlo todo, tengo que esforzarme. –Triunfarás, agregale un libro de romance a tu lista de lectura y estarás listo. –le dijo su cómplice, guiñandole un ojo– Y cuando eso pase trae a tu se… Andy –corrigió al notar la mirada desaprobatoria de Sebastian– aquí para poder conocerla. Ya tengo mucha curiosidad. –Por supuesto, porque apostamos la siguiente cita. –acomodó su traje y sacó su celular para tomar una foto arrebatadora y enviarla al número de la mencionada– Estoy decidido a ganarla.
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