La cabeza de Ninette se sacudió con un estremecimiento al recordar a aquella joven. Le resultaba inquietantemente familiar, pero lo que más la perturbaba era el recuerdo de las hirientes palabras que habían cruzado entre ellas. ¿Podría ser posible? —No… no puede ser —murmuró en voz baja, con el pensamiento convertido en un susurro tembloroso—. Es imposible que sea ella… —¿Qué es imposible, señora Ninette? —preguntó el abogado, inclinándose levemente hacia ella con una curiosidad apenas disimulada—. ¿De qué está hablando? Ninette tardó un segundo en responder. Su mente era un torbellino de recuerdos y sospechas que aún no lograba ordenar. —Necesito saber si tienes una foto de esa muchacha —dijo al fin, con un tono que rozaba la ansiedad—. Quiero verla de inmediato. El abogado se acomo

