— Muy bien, puedes ir; sin embargo, yo te iré a dejar y a traer, además de que Daniel te va a acompañar. — ¡Pero mamá! Miré a Isabel. Entonces ella entendió con una sola mirada lo que le quería decir; sin embargo, no cambió su semblante. — Si Daniel no va, tenlo por seguro que tú tampoco vas, y ahí sí que no cambiaré de posición, aunque Jesucristo resucitado se me aparezca para decirme que te deje ir. — Muy bien, mamá. Ella no dijo nada más, entonces fui a tomar mis cosas para llevarla y probablemente Daniel ya se encontraba afuera esperándonos, ya que siempre iba con Isabel a la piscina. Esto hacía que me sintiera inseguramente segura, por el hecho de que esos dos podían pelear, pero nadie podía cuidar a mi hija mejor que él… claro está, después de su padre. — Bueno, vámonos, señori

