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Él se levantó de golpe, descalzo, con el corazón, latiéndole como si ya hubiera escuchado esas palabras en un sueño. —¿Estás…? —Sí, creo que… esto es real —jadeó Mina—. Ya no es una advertencia. Es el momento. En menos de cinco minutos, el equipo médico estaba con ella. El doctor confirmó lo que ambos sabían: el trabajo de parto había comenzado. —Es un poco antes de lo esperado —explicó con calma—, pero el bebé ha crecido bien y tú estás más fuerte. Vamos a proceder. ¿Lista? Mina negó con la cabeza y luego, después de una respiración profunda, asintió. —Lo estaré. Lysander nunca soltó su mano. Pasaron horas entre el dolor, las contracciones, los empujes, las palabras de aliento. Hubo lágrimas, gritos, silencios. Y finalmente, a las 13:11 p. m., un llanto fuerte llenó la sala. —¡Es

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