08
A la vuelta de la esquina.
☆☆☆
La voz ronca del señor Brown estremeció a Kudrent, que se volteó de inmediato hasta quedar frente a frente.
—¿Nos conocemos?—volvió a repetir.
Sus labios se curvearon hacia abajo.
—Quizás si, quizás no... señor Brown—lo último lo dijo con tanta coquetería que al hombre le pareció encantador.
Se rió.
—Me pareces familiar, pero no logró distinguir de dónde nos conocemos, por eso le pregunto. Iluminame Kudrent.
Suspiró sin apartar su mirada altanera de él.
—No creo haberlo visto nunca señor—mintió.
Él suspiró bajando su vista a todo su cuerpo delgado, con senos que parecían dos limones ácidos como su personalidad. Ensanchó una sonrisa.
—¡Eres muy encantadora!
—Y usted muy...—hizo un gesto pensativo buscando una palabra encantadora, pero todo lo que le llegaba a la mente es: misógino, insorporable, violador, infiel, hipócrita—, muy...
—¡Papá!—salvada por Cole.
Él volteó y vió que le estaba haciendo señas un poco enfadado.
La mirada del señor Brown regresó a Kudrent.
—¡Nos volveremos a ver, bonita!
Oh no, voy a vomitar, voy vomitar.
Hizo el intento de hacerlo cuando se alejó.
¡Eres muy estrecha, bonita!
De seguro la reconoció, no tenía dudas. La llamó con el mismo calificativo de cuando la conoció. Definitivamente, era repugnante.
Te voy a destruir, cueste lo que cueste.
Dijo muy dentro de ella, en lo más profundo de su corazón donde corría todo el veneno que la consumía como el fuego al carbón. Un veneno tan mortal como lo era ella en la vida de su hermana.
Apretó los dientes con tanta fuerza que los escuchó rechinar, su estrés comenzó a amenazarla, y cuando estaba en esos niveles de alto estrés, no era bueno en lo absoluto.
Vió como Danna y Cole hablaban como si estuvieran discutiendo, ambos se veían furiosos, con el ceño fruncido, con la mandíbula tensa, con los puños apretados.
Kudrent se metió en el auto, mientras que los otros dos se incorporaban en sus respectivos asientos. Encendió el auto y condujo en silencio, la tensión era tan filosa en el auto que se podía cortar con cuchillo si alguno de los tres hablaba.
Danna miraba a la ventana callada, Cole a la carretera, Kudrent a todas partes. En tan pocos días había causado un revuelo en el entorno de su hermana.
—¡Que vergüenza ese comportamiento!—rompió Cole el silencio.
la menor puso los ojos en blanco.
—Solo di mi opinión.
—Sin dudas nadie pidió tú opinión—reprochó —. Y si la dieras con más respeto, pero no, insinuaste cosas falsamente.
—Falsamente...—se rió.
—¿Tienes algún problema Kudrent? porque si estamos teniendo esta conversación es por tú culpa.
—¿Mi culpa?
—¡Suficiente los dos!—intervino Danna.
—Es verdad... todo es tu culpa Danna, por meter a una extraña que ni siquiera conoces.
—¡Es mi hermana!—defendió
—Una que destruirá todo lo que has construido.
Cole se estacionó una vez llegó al edificio, y como diablo se metió al apartamento, Danna no dudó ir tras él. Kudrent caminó con pasos más lentos, no quería ni llegar al apartamento, finalmente cuando lo hizo, escuchó desde la puerta su discusión en el cuarto; Cole le gritaba a Danna furioso. Por eso, Kudrent decidió salir de allí.
Bajó las escaleras, caminó por el pasillo hasta que salió a la calle oscura a respirar aire.
No sé había percatado que tres hombre la miraban con tanta atención que le dió un poco de pavor. Uno de ellos era rubio con el pelo largo, fuerte, con unos músculos con un bastantes pronunciados. Un tatuaje de una serpiente le recorría los bíceps, además, de estar vestido todo de cuero con un collar de pua y piercing en la nariz. El otro, era de igual de atractivo, blanco, con unas cuantas pecas en su rostro, y unos ojos grises intensos. Tenia un cigarrillo en la boca al igual que el de pelo largo, con una camisa de calavera largo hasta las muñecas. El tercero de ellos sonreía de manera espantosa, incluso, perturbadora, Kudrent lo comparó con el Wason, era menos atractivo que los otros dos, más bajito, con poco cabello, y con su vestimenta igual que los otros dos.
Les sonrió llevándose un mechón de pelo a la oreja. El olor a cigarro la sucumbió despertando la ansiedad. Quería más... quería cigarro, quería enrollarse con uno de ellos.
Se acercó mordiéndose el labio inferior, con una sonrisa ingenua que al rubio de cabello largo lo cautivó.
—¿Que hace una niña tan linda sola a estas horas?—dijo el hombre con una voz tan grave que parecía un estruendo.
Kudrent se encogió de hombros.
—Quería tomar aire, es todo.
—¿Vives en el edificio?—preguntó el de los ojos grises.
—Si—respondió—. Soy hermana de Danna, digo... la señora de Brown.
—Danna—repitió el ojos gris—. No te había visto por eso te pregunto.
—Llegué hace poco—musitó, mirando al de pelo largo que no dejaba de contemplarla. Eso la fascinó, esa manera en como la veía, con deseo, con lujuria, con ganas de desnudarla —¿Me regalas un cigarrillo?—pidió. El grandulon sacó de su bolsillo una caja ofreciéndole uno. Lo tomó, y de su bolsillo la caja de fósforo que lo encendió. Kudrent se metió el cigarro a la boca dejando que el hombre de cuero pegara el fósforo a la culata del mismo.
Aspiró el humo sintiendo un alivio incomparable.
Soltó el humo.
—Por cierto, soy Kudrent.
El de pelo largo habló cautivado por su coquetería.
—Alejandro—le extendió la mano—. Para servirte fresita
Le sonrió sin apartar la mirada de él.
—Mis dos amigos de acá es: Richie, vive en este mismo edificio y sonrisas, así le decimos, por no parar de sonreír.
—Richie...—dijo entre dientes Kudrent—. Eres el vecino de arriba, el de la música.
Él se echó a reír.
—Ya tienes público ¿eh?–murmuró sonrisa.
—Me pareces que tocas fantástico. Aunque mi hermana no le parece tanto.
—Odia la música—dijo Richie con fastidio
—No... no odia la música, te odia a ti—le dió una calada al cigarro.
Richie se lo tomó con diversión.
—Ya lo sospechaba.
—Además, te tiene miedo. Tiembla cada vez que te ve.
Todos se echaron a reír. Kudrent soltó el aire, le parecía tan agradable exponer la actitud de su hermana ante aquel músico, de seguro, la odiaria, le decía todo eso con esa intención. El humor como lo tomaba le sorprendió, a simple vista, Richie no era uno de esos hombres delicados o que se ofendía fácilmente, comparado con Cole que hasta el aire le molestaba.
—Esa es la reacción que provocas en las mujeres—dijo Alejandro en una risa.
Richie suspiró lanzando el cigarro a un lado mirando el cielo nublado, despejado y sin una pizca de estrellas, de seguro, lloveria, haría frío, y le hubiese encantado no dormir solo si no acompañado de una mujer a quien pudiera hacerle el amor, no sexo, estaba cansado del sexo sin amor, de tocar por tocar, de besar sin sentir nada. Miró a Kudrent, tan hermosa, tan fresca, parecía toda una muñequita ante su vista, solo que... no buscaba unos labios rojos que besar, solo esos labios con que no dejaba de pensar aunque la viera muy poco.
—¡Kudrent!—lo sacó de su ensimismamiento la voz de Danna.
Todos voltearon a mirarla. Su pelo suelto, sus pantalones de rayas, su camisa que le quedaba grande de un color gris.
La chica tiró el cigarro.
La cara de la hermana mayor era de estupefacción, y más al ver que fumaba, y, con quien compartía, nada más y nada menos que con el chico que ella le temía.
Richie la miró divertido, siempre era un placer verla y más en pijama.
Kudrent sonrió dirigiéndose a su hermana.
—¡Fue un placer conocerlos!—se despidió mientras que Danna le dió una mala cara y se fue al lado de su hermana.
Había tensión, mucha entre ellas.
Dos días, eso es lo que habían transcurrido de días y ya Kudrent estaba haciendo desmadre con gente que no inspiraba confianza.
Entraron al apartamento, Danna cerró la puerta sin apartar la vista de Kudrent que con flojera entraba a la alcoba.
En el umbral puso sus manos en jarra furiosa.
Kudrent sentada en la cama se quitaba los zapatos, ya se sentía agotada, y sin ganas de discutir, ¿por qué Danna no podía irse con su marido tranquila?
—¡¿Que?!—dijo Kudrent a la defensiva.
—¿Fumando? ¿enserio?—reclamó.
—Es normal, todos los jóvenes lo hacen.
—¡Tienes 17!
—¡Y que! a los 14 tuve sexo ¿cuál es la diferencia?—se levantó de la cama buscando del clóset un pijama.
Danna se le quedó mirando con una expresión que Kudrent no supo descifrar, parecía decepcionada y preocupada a la misma vez.
—En serio, esos tipos ¿eh?
—¿Es lo que te molesta? ¿qué hablé con ellos?
—Ellos son...
—¿Son que?—refutó Kudrent alzando la voz—. Son personas increíbles.
—Tan increíble que te invitan a fumar.
Gruñó dejándose caer en la cama.
—¡Por favor Kudrent! ¡Alejate de ellos!
Kudrent se apoyó con los codos para levantar el torso.
—¡¿Por que los odias?! ya se los dejé claro, en especial a Richie, nuestro vecino.
Danna se quedó en silencio.
—¿Podemos hablar mañana?
—¡No!
—¿Quieres hablar?
—Por supuesto.
—Entonces, hablemos. Comencemos con... aaah, ya sé. ¿Por qué nunca le mencionaste a tus suegros que tenías una hermana? ¿te avergonzaba?
—Por supuesto que no, no sabia si te volvería a ver.
—Me pregunto Danna, si alguna ves me buscaste ¿eh?
—Claro que lo hice.
—¡No te creo!...—se levantó con abrupté—. ¿Sabes porqué? porque están jodidamente metida en tu mundo perfecto que en ningún momento te interesó contactarme.
Danna suspiró.
—No sabes nada de mí.
—¡Tú tampoco de mí!—gritó Kudrent.
Cole se levantó de la cama quedándose en el umbral.
—¡Pueden callarse las dos! mañana hay que trabajar—puso los ojos en blancos metiéndose a la cama.
La hermana mayor con los brazos cruzados bufó frustrada, respirando hondo para no perder la paciencia; ya había tenido demasiadas discusiones en su día como para terminar la noche con otra.
—Mañana hablaremos de esto—señaló con un tono amenazante, saliendo del cuarto.
Danna se metió a la cama con una sensación fea que albergaba en su pecho. Miró a Cole en posición fetal a un lado de la cama y ella al otro. Su interrogante fue: ¿era buena idea haber traído a Kudrent a vivir con ella?
Pensando en esa pregunta, se quedó dormida.
☆☆☆
A la mañana siguiente cada quien tuvo que hacer sus labores. Cole Brown después de tomar un café bastante cargado salió a su trabajo en la empresa de construcción que tenía en sociedad con su padre. En cambio Danna, que también se bebió una enorme taza de café se sentó al sillón, mirando con detenimiento del piano arrumado en un rincón, lo extrañaba tanto, sentir sus teclas, su melodía que la ansiedad de ir a tocarlo la carcomia, sin embargo, debía irse o llegaría tarde. Ya eran las 8 y Kudrent nada que despertaba, por lo tanto, resolvió por dejarle una nota:
Me fui al trabajo, portate bien. El desayuno está en el horno. Con cariño: Danna.
La colgó en la nevera con un imán de uva y abandonó el apartamento. Llamó al ascensor aferrándose a su cartera que la colgaba de un brazo, ladeando la cabeza hacia arriba cuando éste no respondió.
—¡Aaahs!—se quejó, tomando las escaleras. Al bajar, miraba los escalones para no tropezar ni resbalarse con los tacones. Se detuvo cuando vió a su vecino que subía a toda prisa.
Suspiró cerrando los ojos con lentitud.
—¡Buenos días!—saludó él divertido.
Danna lo miró mal.
—Eran buenos...—señaló.
Richie se le quedó mirando con una sonrisa donde aparecieron dos hoyuelos en cada lado.
—Ayer comprendí que su mal humor no es hereditario, su hermana es totalmente diferente a usted.
Oh, no... ¿por qué tuvo que mencionar el tema de anoche?
Puso los ojos en blancos molesta, ya de por si la ofuscaba su presencia.
—¿Por eso le dió cigarro?
Richie soltó un silbido.
—No le di cigarro.
—¡Tiene 17! ¡es una niña!
—No es una niña para coquetear abiertamente con nosotros.
Danna se estaba estresando por la conversación. Achinó los ojos acortando la distancia entre ellos.
El chico aspiró el perfume dulzón que lo embriagó.
—Si le tocas un pelo, o al poner tus ojos en ella, ¡te mato!—amenazó
Richie soltó una risita sin apartar la mirada de ella.
—¡Ya estoy muerto Danna! además, tengo los ojos puestos en alguien más—dijo buscando su mirada, y cuando la encontró sus ojos cayeron en sus labios pequeños pintados de un rojo. Ambos se quedaron así un segundo, y para Richie fue una eternidad tenerla tan cerca, era la segunda vez que interactuaban con tantas palabras, y un acercamiento.
—¡Ya se lo advertir!—refunfuñó pasándole por un lado para continuar su camino. Richie se quedó con esa sensación extraña en su pecho, una donde se le aceleraba mucho el corazón, donde dejaba de respirar cada vez que se cruzaba con ella, en donde el aliento le faltaba al tenerla tan cerca.
La veía tan poco pero la pensaba mucho. Le asustaba la forma en que reaccionaba con el simple hecho de verla, tenía bien claro que Danna de Brown jamás le correspondería de la manera que él quería.
Y, Richie quería más que verla poco, más que unas palabras, más que unas miradas, más que una discusión, más que un acercamiento, más que una caricia, más que un beso, más que hacerle el amor. Quería su amor, sus sentimientos, sus pensamientos, su corazón. Aunque era imposible, ella ya tenía dueño.
Sonrió antes ese pequeño encuentro fatídico y se metió en su apartamento. Convencido que un amor imposible y el odio lo llevaría a su autodestrucción.
Asimismo, Danna se embutió en su auto recordando como estuvo tan cerca de ese hombre, aún no sabía de donde había sacado tanto valor para amenazarlo.
Ya estoy muerto Danna, además, tengo los ojos puestos en alguien más.
De seguro, en la mujer tetona con sostén que lo besaba de manera desvergonzada en el pasillo.
Trató de calmarse colocando música, definitivamente, la música se llevó el estrés de aquel encuentro que para ella fue terrible, amargo, desagradable.
Si fuera por Danna, nunca más en su vida se volvería a encontrar con su vecino.
☆☆☆
Kudrent se despertó tarde, al salir de la alcoba se dió cuenta que estaba sola en casa. Caminó por la cocina leyendo la nota de Danna.
Me fui al trabajo, portate bien. El desayuno está en el horno. Con cariño: Danna.
Suspiró.
Comió tostada, y un jugo de fresa, una cosa que odiaba Kudrent era el café, le hacía recordar a su madre.
Y su madre no era un bonito recuerdo.
Asimismo, Kudrent iba al baño cuando se detuvo para entrar a la habitación de su hermana con Cole. La cama estaba bien tendida, con una corcha azul marino. Una mesita de noche tenía una lámpara en el lado izquierdo con un libro sobre ella. La muchacha lo tomó leyendo el titulo: los diez mandamientos.
Se rió, dirigiéndose a los clóset. Palpando la ropa de Cole con veneración, sacando una camisa de su puesto para orfatearla.
Olía tan bien, tan masculino... tan...
Recordó el día en que se metió su pene en la boca y con el simple hecho de traerlo a memoria, se encendió su cuerpo. Despertando una enorme necesidad de tocarse. Lo hizo, se llevó las manos a sus pezones endurecidos y erectos, imaginando la boca de Cole en ellos. Esa misma mano trazó un camino que la llevó a su c******s.
Se lo frotó una y otra vez, con lentitud, con rapidez.
Gimió... Jadeó antes sus pensamientos impuros, antes el pecado de la lujuria. Quería más de Cole, más que chuparsela. Quería enamorarlo, destrozarlo, succionarlo, convertirlo en cenizas hasta llevarse su alma al infierno, a ese infierno donde Kudrent ya estaba condenada a pasar una eternidad.
—¡Aaaww!—gritó frotándose con más fuerza, hasta llegar al límite.
Había ido a la casa de Danna con un objetivo, y ese objetivo era claro.
Le quitaría todo a Danna, su supuesta felicidad, su mundo perfecto, su casa, su marido, sobre todo, se llevaría todas las veces que pudiera a su marido, y la haría sufrir, de la misma manera que ella había sufrido.
Kudrent se tiró en la cama que compartían Cole y Danna recordando...
Esperó... pisaba el acelerador ansiosa, sabia que se vería con ella...
Siguió esperando con la paciencia del mismísimo diablo cuando Eva se comió la manzana. Hasta que lo vió, tenía razón, se iban a encontrar, lo sabia... estaba tomando la misma ruta, el cual lo descdescubrió follandosela. Todos la abandonaban después de usarla como si fuera un saco roto, un papel desechable.
Primero fue su padre, luego Danna, después su madre, ahora, Anderson. Se habían acostado, jurado amor eterno. ¿Por qué rompía sus promesas?
No lo soportó... Kudrent Alvarado lo vio venir a la vuelta de la esquina y arrancó, arrancó acelerando el carro...
Sonrió ante ese recuerdo...
A la vuelta de la esquina Danna pudiera encontrar también una sorpresa.
☆☆☆
Notita; Saquen sus conclusiones... los veo en comentarios. Besos.
Adelanto: Danna hace las pases con Kudrent.
Kudrent empieza a seducir a Cole.
Cole ejecuta su plan.
Si quieres saber más, no te pierdas el siguiente capítulo.