—Clau, ya llegamos —me sacó de los pensamientos Rudy. Mi hermanito de 4 años ya tenía 8 años. Se había convertido en un hermoso y educado jovencito. Su rostro reflejaba una mezcla de emoción y nerviosismo. Para él, este viaje era una aventura, una oportunidad de conocer el lugar del que tanto le había hablado. —Listo, vamos. —Mamá, ¿aquí es? —Esta era mi princesa. Olvidé decirles, tenía una hermosa y preciosa hija de 3 años, fruto de mi amor con Demián. Daniela era mi alegría, mi razón de ser. Cada día descubría en ella nuevos gestos, nuevas expresiones que me recordaban a su padre. —Sí, mi princesa, aquí es. Bueno, a casa todavía no llegamos. Ella sonrió mostrando sus hermosos dientes blancos y esa sonrisa me hizo recordarlo a él, Demián… Suspiré al pronunciar su nombre en mi mente. ¿

