POV DE EDUARDO En un divorcio, los que salimos perdiendo somos los hijos. Llevaba seis años distanciado de mi madre; al menos podía verla cada fin de semana. Sé que me ama con toda su alma, al igual que mi padre. Mostrarme malvado delante de los demás me hacía sentir fuerte. En el colegio, todos me respetaban por mi carácter de macho alfa y dominador. Pero cuando llegaba a casa, la fortaleza que mostraba en el instituto se desmoronaba. Aquí soy un joven que no tiene madre; no hay ese calor de hogar que tienen otros. Sé que mi madre está sufriendo y si ella sufre, yo sufro. Llevamos tres meses sin vernos. Cuando la llamo, sus ojos se iluminan y esconde sus lágrimas. —De ahora en adelante no te daré ningún centavo. Dime, ¿quién te vende esa porquería? —No te lo diré. —Si no lo haces, se

