Samuel estaba de espaldas a la cabaña, recordando la primera vez que estuvo ahí con Aiden, ahora solo tenía la esperanza de volverlo a ver, esperaría incluso días por él -Se siente como aquella vez, el clima es perfecto, aunque es un poco solitario- Samuel al escuchar la voz a su lado sonrió un poco, no sabía que pasaba por la mente del menor y tampoco sabía que decir -La luna es hermosa ¿verdad?- dijo por fin, Aiden sonrió sabiendo perfectamente lo que él queria decir -¿por qué? ¿Por qué hiciste todo eso?- -No podía permitir que me abandones y tampoco podía obligarte a que me hables, así que fui paciente y esperé- -Esa no es una buena estrategia, porque no sabía que eras el remitente- -Tenía la leve esperanza de que lo descubrieras o seas curioso- -¿por qué no dejaste la de hoy?-

