Mientras me dirigía con ellos hacia esa reunión, observaba a mis compañeros de facultad y pensé: “Vaya, que se sentirá tener un grupo de amigos”. Mientras me preguntaba eso, una joven me gritó: “¡Gracias a ti, personas que realmente merecen esa oportunidad jamás verán eso en su vida!”. De inmediato, todos los que la escucharon hicieron lo mismo, como si estuvieran en un efecto dominó.
Al entrar a esa aula, mi padre no perdió la oportunidad para presentar a su “minita de oro”. Yo solo lo miré, me puse audífonos para ignorarlo y me dirigí hacia el último asiento que se encontraba en esa reunión.
Después de que papá se fue, la encargada comenzó a hablar, pero yo no sabía qué decía. Mi música y lectura eran más interesantes. Mientras eso ocurría, un chico se sentó a mi lado y me quitó un audífono. Al momento, mencionó: “Buena música”. Al voltear a verlo para agradecerle, me congelé. Es algo inexplicable: su sonrisa me hipnotizó y lo único que salió de mi boca fue: “Mu… muchas gracias”. Él sonrió más y yo solo pensaba: “¡Oh, por Dios! ¿Y quién es?”.
Ese tiempo pasó más rápido de lo que me hubiese gustado. Cuando la reunión terminó y sin que esa profesora me viera, me escabullí hasta la salida. Él me siguió por detrás y me interceptó mientras me dirigía a mi aula para mis clases.
“Espera”, dijo. “No me presenté. Mi nombre es Héctor Grimaldi”, mientras me extendía la mano y con una mirada muy hermosa. Yo, temblando, le respondí: “Yo… yo me llamo Elise Lambert”. Él me mencionó: “Lambert, ah, una Lambert excelente”, mientras mi mente se confundía. Él se acercó a mí y me susurró con una voz gruesa y seductora: “Te veré más tarde”, y se fue, mientras yo me quedé más confundida.
Al término de mis clases, mi padre me llamó y me pidió que me dirigiera lo más posible hacia nuestra casa, ya que su amigo llegaría pronto. Al llegar a casa, abrí la puerta. Mi padre me presentó con su amigo: “¿Qué tal, señorita Elise? Mi nombre es Néstor”, mientras estrechaba mi mano. Le mencionó a mi padre: “Vaya, querido amigo, te quedaste corto al decir que tu hija es hermosa. Ella es bellísima”. Mi padre lo agradeció, al igual que yo, y le mencionó mi padre: “Pues tu hijo tampoco se queda corto”. Néstor habló a su hijo, que se encontraba del otro lado de la habitación.
“Era él. No puede ser. Su padre nos presentó y él actuó como si no me conociera”, pensé. Después de que nuestros padres hablaron de nuestros logros, nos dejaron solos.
En ese momento, Héctor se acercó a mí y me habló en voz baja.
“¿Qué estás haciendo aquí?”, pregunté, intentando disimular mi sorpresa.
“Te estaba esperando”, respondió Héctor, sonriendo. “Quería hablar contigo sobre lo que pasó en la reunión.”
“Bueno, para empezar, me gustaría saber por qué te comportaste de esa manera”, dijo Héctor, acercándose a mí. “Parecías muy incómoda.”
“Simplemente no me gustan las reuniones”, respondí, evitando su mirada.
“Entiendo”, dijo Héctor, asintiendo. “Pero hay algo más, ¿verdad? Algo que te preocupa.”
Me sorprendí al darme cuenta de que Héctor había notado mi inquietud.
“¿Qué te hace pensar eso?”, pregunté, intentando mantener la calma.
“Simplemente te observé”, respondió Héctor. “Y vi la forma en que te mirabas a ti misma, como si estuvieras tratando de escapar de algo.”
Elise se siente conmovida por la percepción de Héctor.
“¿Cómo sabes todo esto?”, pregunta Elise, mirándolo con curiosidad.
“Simplemente te estuve observando”, responde Héctor, sonriendo. “Y me gusta lo que veo.”
Elise se siente ruborizada por el comentario de Héctor.
“Gracias”, responde Elise, intentando disimular su turbación.
“No hay de qué”, responde Héctor. “Me alegra haber podido hablar contigo, Elise.”
“Me alegra también”, responde Elise, sonriendo.
En ese momento, Héctor se acerca a Elise y le toma la mano.
“Me gustaría seguir hablando contigo”, dice Héctor, mirándola a los ojos. “¿Quieres salir conmigo esta noche?”
Elise se siente sorprendida por la invitación de Héctor.
“¿Esta noche?”, pregunta Elise, intentando ganar tiempo.
“Sí”, responde Héctor. “Quiero mostrarte algo.”
“¿Qué?”, pregunta Elise, curiosa.
“Es una sorpresa”, responde Héctor, sonriendo. “¿Confías en mí?”
Elise se siente tentada por la invitación de Héctor.
“Sí”, responde Elise, finalmente. “Confío en ti.”
Héctor sonríe y le da un beso en la mano.
“Genial”, dice Héctor. “Te recogeré a las 8.”
Elise asiente, sintiendo una emoción que no había sentido en mucho tiempo.
“Estoy emocionada”, responde Elise, sonriendo.
Héctor se ríe y se despide de Elise.
“Hasta luego”, dice Héctor. “Te espero.”
Elise se queda sola, sintiendo una sensación de emoción y anticipación. ¿Qué le depara el futuro con Héctor?