Emma ajustó la cinta de su vestido n***o, alisando el tejido de seda con manos temblorosas. El brillo de las luces del salón la hizo entrecerrar los ojos por un instante. No pertenecía a ese mundo. Nunca lo había hecho, y sin embargo, ahí estaba, en una gala benéfica repleta de empresarios poderosos, mujeres elegantemente vestidas y reporteros listos para capturar cualquier escándalo. Había aceptado la invitación por insistencia de su madre. Después de años de silencio, Victoria había reaparecido en su vida como un huracán, reclamando atención y exigiendo que Emma cumpliera con su “responsabilidad” como la heredera de la familia Hale. Y aunque la relación entre ellas seguía siendo tensa, Emma había cedido por una razón: proteger a Brenda. Respiró hondo, recordándose que Brenda estaba a s

