Emma avanzó por los pasillos de la mansión con el eco de sus tacones resonando en el mármol. Su mente era un torbellino. No había podido dormir desde que llegó, y las palabras de su madre seguían clavadas como espinas en su pecho. Elijah. Ese nombre volvía a perseguirla como un fantasma del pasado. Lo odiaba. Odiaba cómo aún lograba desestabilizarla sin siquiera estar presente. Su arrogancia, su frialdad, la manera en que siempre hacía todo a su modo… Pero lo que más odiaba era el miedo. Miedo de que pudiera descubrir a Brenda. Emma se detuvo en seco frente a las puertas de la biblioteca. Respiró hondo antes de girar la manija y entrar. —¿Estás segura de que quieres hacerlo? —La voz de María resonó al otro lado de la línea telefónica. Emma apretó el celular contra su oído mientras obs

