Harold, el bibliotecario de los FALCONE lo esperaba pues él había avisado que iría de visita, especialmente que visitaría a Harold puntualmente. Claro que otras veces lo había hecho, ya que le guardaba un cariño entrañable. Cuando era un niño herido e indefenso y pasó varios días dentro de esa manada, Harold le leía cuentos mientras curaban sus heridas. No le importaron sus gruñidos. No le importaba si estaba en forma humana o convertido. Al final, el cachorro que había en él había empezado a ansiar las visitas del hombre alto y delgado de lentes que hacía voces y caras graciosas para contarle los cuentos que tanto lo entretenían y lo hacían olvidarse del martirio que había vivido. Los FALCONE al final habían curado su cuerpo, pero Michael y especialmente Harold habían curado su alma

