El chirrido de la puerta resonó en la habitación en penumbra cuando Sofía y Lukas se quedaron con la boca abierta en el umbral. Allí, en una maraña de miembros y estaban Marleni y Danilo, sus padres, atrapados en un abrazo íntimo. La escena que tenían ante ellos parecía el fotograma congelado de una película atrevida: Danilo, vestido como un severo agente de policía, con el sombrero torcido; Marleni, vestida a rayas como una presidiaria, con las mejillas sonrojadas por algo más que el esfuerzo. —¿Por qué están vestidos así, de policía y reo? —A Sofía le tembló la voz, entre confusa y mortificada. Sus ojos se movieron entre la comprometida posición de sus padres y sus escandalosos atuendos. El rostro de Danilo adquirió un tono carmesí intenso mientras intentaba cubrir a Marleni con un

