Salgo del hotel con las piernas temblando, El coño aún palpita, el cuerpo zumbando de aftershocks: olas que me barrieron desde el culo hasta el clítoris mientras gritaba su nombre, su v***a estirándome despacio al principio, quemando hasta fundirse en éxtasis que me hizo suplicar “más, joder, no pares”. Lágrimas calientes ruedan por las mejillas mientras bajo en el ascensor de lujo, espejos reflejando mi vestido n***o arrugado, labios hinchados, ojos rojos de llanto y gemidos recientes.
El lobby es un sueño: mármol blanco, candelabros de cristal brillando como estrellas falsas, conserje que me mira de reojo pero no dice nada porque Sebastian paga por discreción. Salgo a la calle, el aire frío de la noche lamiendo la piel expuesta, el canal n***o reflejando luces rojas distantes que me recuerdan de dónde vine. Llamo a Carla desde el teléfono, voz quebrada.
—amiga, ¿qué pasó? Suenas jodida.
—Isabella llegó. Al hotel. Nos pilló en plena follada. Atada, con el culo lleno de su semen. Todo se fue a la mierda.
Carla suspira, voz cansada pero firme.
—Ven al departamento ya. Trae tu culo marcado aquí. Te espero con tequila y un baño caliente. Esa reina de hielo no te va a hundir.
Tomo un taxi, el chofer no pregunta por mis lágrimas. El departamento en el Jordaan es un paraíso comparado con el mugre viejo: dos habitaciones amplias con camas king, cocina moderna de granito n***o con nevera llena de vinos caros que Sebastian mandó, baño con bañera de patas de león y sales aromáticas, vistas al canal donde barcos flotan como sueños pagados. Todo lujo: muebles de diseño italiano, arte abstracto en las paredes, plantas verdes que Carla cuida como hijas. Sebastian lo pagó todo, diciendo “mereces esto, mija, no el infierno del Barrio Rojo”.
Carla abre la puerta en pijama corto, tatuajes de rosas espinosas brillando bajo la luz suave, cabello n***o suelto.
—amiga, ven aquí —dice, abrazándome fuerte, olor a perfume barato y tequila—. Cuéntame todo. ¿La perra esa te vio atada?
Asiento, cayendo en el sofá de cuero suave, lágrimas rodando de nuevo.
—Estábamos en plena follada anal. Primera vez por detrás. Me ató con bufanda, me azotó hasta dejar el culo rojo fuego, me penetró despacio, curvando para rozar ese punto que me hace ver estrellas. Me corrí gritando, apretándolo como vicio, y él se derramó dentro caliente. Y bum, ella entra con llave maestra.
Carla sirve tequila en vasos de cristal tallado —otro regalo de Sebastian— y se sienta a mi lado, mano en mi rodilla.
—Joder, mija. Suena caliente pero jodido. ¿Qué dijo la reina de hielo?
—Que soy puta barata. Que tiene fotos: yo abierta, boca llena, culo goteando. Amenazó con divorcio, custodia de Sofía, hundirlo en tabloides. “Magnate folla prostituta mientras hija de 15 llora”.
Carla silba, sirviendo más tequila.
—Sofía, la nena rebelde que te contó. La que toca guitarra y odia a la mamá. Pobre. ¿Sebastian qué hizo?
—Me soltó, me cubrió. Le dijo que me ama, que me elige. Pero Isabella lo paró: “Llamo a Sofía ahora, le digo papá te cambia por puta”.
Carla me abraza, su cuerpo curvilíneo cálido contra el mío.
—Mija, él te ama. Me lo dijo cuando pagó este palacio: “Carla, cuídala. Lia es mi mundo”. Pero familia es familia. Sofía es su debilidad.
Lloro más, tequila quemando garganta.
—Lo sé. No quiero separar padre e hija. Sofía tiene 15, rebelde pero inocente. ¿Y si elijo irme? ¿Volver al Barrio Rojo?
Carla niega, mano en mi hombro.
—No, mija. No vuelves. Quedamos aquí. Yo dejo el burdel también, busco trabajo normal. Pintas, vendes arte. Sebastian te ama, luchará.
Pero dudo. El teléfono vibra: mensaje de Sebastian: “Lia, lo siento. Hablo con Isabella. Te amo. Espérame”.
Respondo: “Elige bien. Por Sofía. Adiós”.
Carla sirve más tequila.
—Bebe, mija. Mañana decidimos. Pero no te vas sola.
Bebo, alcohol quemando. Carla me besa mejilla, mano bajando a muslo.
—Mija, si quieres olvidar… soy buena escuchando. Y más.
Río amarga, calor subiendo.
—No, Carla. Gracias.
Pero duda crece. ¿Sebastian elegirá familia o a mí? ¿Vuelvo al mugre o lucho?
Y entonces, golpe en puerta. Carla abre: Sebastian, ojos rojos.
—Lia, elijo ti. Divorcio. Pero Sofía…
**¿Perderé a Sebastian por Sofía?**