—Seguro que no le hiciste nada, ¿verdad? —se quejó la voz de Roderick, con un tono que combinaba inquietud y algo de molestia. —Cállate, la vas a despertar —regañó Rasher, con su típica actitud autoritaria. Yo, aún medio adormecida, me removí un poco en el lugar donde me encontraba, buscando una postura más cómoda para continuar descansando. "Este aroma..." pensé, acurrucándome más en el rincón donde estaba, disfrutando de la suavidad de las telas y la quietud del momento. Poco a poco, mis ojos empezaron a abrirse, y lo primero que vi fueron los profundos ojos celestes de Roderick. Su cabello albino brillaba con la poca luz que se filtraba por las ventanas, y su presencia era tan... imponente, tan tranquila, que me dejó sin palabras. Era como si todo en la habitación se centrara en él en

