-¿Cómo está mi niña?-pregunta una voz dulce del otro lado de la línea. -Bien-contesto- ¿Cómo están mis viejos? -Extrañándote. Oregon no es lo mismo son ti, Liv. -Mamá-digo cansada. El sobrenombre que ella me ha puesto aún me parece un poco meloso. -Ya lo sé. Es lo mejor pero aún no me acostumbro a estar sin ti, cariño. -Tengo trabajo-cambio de tema. La distracción sirve. Paso media hora platicando con mi madre acerca de mi nuevo trabajo, está feliz y por fin se siente tranquila al saber que la carrera de su hija no fue una mala inversión después de todo. Después de darme consejos de cómo sobrevivir a la según mi madre "Vida dura de un trabajador" escucho a mi padre llegar a lo lejos y arrebatarle el teléfono, por lo cual rio. -Gracias por eso-le digo riendo. -Ya conocemos a tu mad

