El sol ya empezaba a ocultarse cuando Daniel, cansado de la presión y las expectativas que cargaba sobre los hombros, decidió alejarse por un tiempo de la mansión Blackwell. No había regresado desde su incómoda conversación con Maximus y, en lugar de enfrentarse a la situación, optó por una pausa. El aire en la mansión se volvía cada vez más denso, con los constantes juegos de poder y las expectativas de alianzas matrimoniales. Sentía que necesitaba un respiro, un lugar donde pudiera desconectarse de todo. Así fue como terminó en una pequeña cafetería ubicada en un vecindario tranquilo, cerca de su antigua casa, un lugar que no había visitado en mucho tiempo. La cafetería, modesta y acogedora, tenía un aire nostálgico que lo hacía sentir casi normal otra vez, como si la vida que llevaba a

