Los ojos verdes de la mujer frente a mí son como agujas contra mi piel, y no precisamente como las de mi traje, básicamente imperceptibles, tanto al tacto como a la vista, sino que, son más bien, como las agujas de costura, esas que con la más mínimo presión, ya duele. No sé por qué tengo el presentimiento de que, no solo no es buena señal, sino que, existe la posibilidad de que siquiera consiga salir ileso. Esa mirada no presagia nada bueno. -Se dice que entraste a nuestro planeta de forma furtiva, sin aviso ni pedido de aterrizaje y que, además, tu planeta agoniza y que estás en busca de uno nuevo. ¿Eso es verdad? -En parte sí, su Majestad. -¿En parte? -Así es, esas afirmaciones son una verdad a medias. -Explícate. -¿Puedo hablar libremente? -Adelante. -Mi mundo agoniza porque l

