Entro a la sala de incubadoras tratando de hacer el menor ruido posible, me detengo a uno costado de Adam y los observo a ambos, mi bebe es tan pequeño que me duele sentirlo tan frágil. Me entretengo solo viéndolos, tomados de la mano y me siento una perra por como lo trate, por cómo lo juzgue. Adam desde el primer momento que se enteró que era padre ha sido el mejor y por una decisión que tuvo que tomar a la ligera yo lo crucifique. Limpio mis lagrimas que cayeron sin darme cuenta y veo a mi pequeño guerrero removerse y sus pequeños ojitos me observan, esta despierto. —Hola mi amor. Yo soy mamá, perdón por no poder venir a verte antes, pero veo que estabas en buenas manos. Me han dicho que papi estuvo toda la noche contigo. — susurro tomando su manito libre. — Él es un gran padre ¿No,

