Evelyn
—¡Maldita sea! —exclamo, dándole un golpe al celular.
Olvidé quitar esa estúpida alarma. Ese ese espantoso sonido de un gallo.
Lanzo un grito de frustración, me incorporo en la cama con lentitud y miro a mi alrededor. Me toma unos segundos recordar dónde estoy.
Madrid.
Cierto. La abuela ganó, se salió con la suya.
Suspiro profundo y dejo que mi cuerpo vuelva a caer sobre el colchón, como una víctima del destino. Miro el techo, aburrida y resignada.
Entonces lo huelo.
Café.
Mi conciencia lo susurra como una señal. El aroma entra en mis fosas nasales, y de inmediato mi cuerpo reacciona. Me arrastro fuera de la cama como una zombi hambrienta y avanzo a paso rápido por el pasillo, atraída por esa taza de café humeante.
Al llegar a la cocina, la escena me da ganas de llorar de felicidad.
Mi abuela, divina como siempre, me recibe con una taza de café en la mano y un plato con hotcakes —mis favoritos— recién hechos.
—Buenos días, dormilona —dice con esa voz dulce que sólo usa cuando quiere manipularme con comida.
No le respondo. Solo tomo la taza como si fuera un tesoro milenario y doy el primer sorbo.
Gimo
Esto es el cielo.
Por un momento olvido todo lo demás. El gallo, w*****d, el viaje eterno, la traición de la abuela extendiendo nuestras vacaciones sin aviso… todo desaparece.
Estoy en paz.
Con el alma más calmada, me dejo caer en una de las sillas y comienzo a devorar el primer panqueque como si no hubiera comido en días.
—Hoy iremos de compras —dice la abuela con una sonrisa sospechosa.
Mastico más lento, para no morir ahogada.
—¿ Es broma verdad?
Ella sonríe, pero no responde.
—Solo dime que no me vas a tener todo el dia bajo el sol.
Su carcajada inunda la cocina.
Sospechoso
Muy sospechoso
💎
Una hora después estoy en la calle, con unas gafas y una mascarilla que me cubren media cara. Caminamos por una avenida repleta de gente, tiendas con escaparates brillantes y turistas que caminan como si todo fuera mágico. Bueno, supongo que para algunos lo es. Para mí, es solo ruido y mucho sol en la cara.
—¿No podríamos haber venido cuando el sol se haya ocultado? —me quejo, acomodando el bolso en mi hombro.
Sabe muy bien, que mi piel es súper sensible.
—La mejor luz es la de la mañana —responde mi abuela, como si eso fuera una excusa válida para tenerme aquí bajo el sol.
Ella camina con elegancia, como si no le afectara el calor ni la cantidad de gente. Yo, en cambio, voy arrastrando los pies como alma en pena. Hasta que la veo detenerse frente a una vitrina.
—Aquí es —dice con una sonrisa. Una de esas que nunca traen nada bueno.
—¿Dónde es “aquí”?—ruedo los ojos, asfixiada por el tremendo calor que hace.
—Una boutique. Quiero comprar regalos—Y sin darme tiempo a protestar, me arrastra hacia adentro.
El lugar huele a perfume barato y tiene más espejos que una sala de ballet. Una chica con uñas perfectas se acerca con una sonrisa falsa y nos ofrece ayuda. Yo solo quiero salir corriendo. Pero la abuela ya está hablando de colores, tallas y estilos.
—¿Me puedo sentar mientras deciden que vestuario inventan? —pregunto, ya resignada.
—Siéntate —dice la abuela sin perder su tono dulce.
Obedezco. Me hundo en un sillón aterciopelado cerca de la entrada y saco el celular para revisar mensajes. Nada nuevo. Gabi me ha mandado un meme a las tres de la mañana, pero está dormida ahora. Como siempre. Mi dedo se desliza por la pantalla mientras mi cabeza va de un pensamiento a otro.
Alzo la mirada y veo a mi abuela sosteniendo un traje rosado chillón. Muy feo para mis gusto.
—Abuela, ni creas que me pondré eso.—señalo con el dedo lo que trae en las manos.
Odio el rosado
Ugh
—Esto no es para ti querida—alzo una ceja y me pongo derecha.
Los celos empiezan a florecer.
—Si no es para tu querida nieta—me señaló a mi misma—¿Entonces para quien demonios es?
La interrogó.
Ella suelta una carcajada ruidosa y yo la fulmino con la mirada.
—Ay Cariño, no puedo llegar con las manos vacías al evento—responde dándose la vuelta e ignorando mis celos.
—Bueno, si es así—musito mientras me recuesto de nuevo.
Y así, se fueron tres malditas horas, probando todos esos espantosos trajes porque según soy de la talla para la dueña del regalo.
Fastidio.
Estiro mi cuerpo sacando varias cuerdas, masajeo un poco mis senos al sentirlos sensibles.
SENSIBLES
Oh dios.
Que no sea lo que creo que es, con una velocidad sobre humana agarro mi teléfono para revisar el calendario.
Dentro de poco tendré mi regla.
Maldita sea.
Esto tiene que ser el colmo.
Me lanzó en la cama y empiezo a patalear como todo una niña, sujeto una almohada y grito contra ella, sacando toda la frustración de mi cuerpo.
Te odio w*****d.