Ella estaba desesperada. Incluso si perdía, no se permitiría convertirse en una broma patética. Si tenía que morir, moriría arrastrando a alguien con ella. Justo cuando terminó de pensar eso, Dereck apareció en la puerta. —Zoe Adams, ¿qué quieres? —preguntó con voz firme. No vio a Aria colgando afuera; solo vio a Zoe sosteniendo al bebé. —Papá ya decidió que Jessie debe ser criada por Aria. No puedes llevártela otra vez sin permiso. El tono de Dereck no era frío, pero aun así destrozó el corazón de Zoe. —Pero ella es mi hija. ¿Por qué no puedo abrazarla? —replicó, mirándolo fijamente. —Si de verdad te importa tanto Jessie —continuó Zoe—, ¿puedes despedir a Aria? —No. Entonces tendremos que divorciarnos. La expresión de Zoe se volvió desesperada. —Entonces me desharé de ella yo

