Dereck siguió abrazando a Aria, con la mejilla apoyada contra su hombro, mostrándole sin reservas su lado más vulnerable. —Te lo recordé con cuidado… ¿no lo recuerdas? —murmuró—. En el pasado, llevaste a casa a un chico problemático, con la cara llena de moretones. —¿Eras tú…?— Si Dereck no lo hubiera mencionado, ella podría haberlo olvidado por completo. Y aun si lo recordaba, jamás habría imaginado que aquel muchacho miserable perteneciera a la noble familia Moretti. Aria quedó atónita. —¿Me reconociste desde el principio? ¿Así que me has estado protegiendo todo este tiempo? —No lo confirmé hasta tres días después de que llegaras a la mansión Moretti. Habían pasado diez años. Dereck ya no recordaba con claridad el rostro de aquella niña. Ni siquiera sabía cómo se vería ahora.

