Aunque Adrián, ese diablo, era difícil de controlar, cuando se trataba de obtener beneficios no podía competir con Nicholas. Cuando Nicholas abría la boca, su palabra era definitiva. —¿Aún no estás satisfecho, Dereck? —dijo Nicholas con calma—. Las acciones de la familia Adams ya están en tus manos y a tu disposición. Zoe también reconoce que estaba equivocada y ya se ha disculpado. Todo lo que hago es por tu propio bien. No cambió el tono ni la expresión, pero cada palabra era una amenaza velada. Las comisuras de los labios de Dereck se curvaron lentamente. La mirada aguda de sus ojos quedó oculta tras los lentes de montura dorada. —Lo sé, papá. Sé que quieres que tome esas acciones “por mi bien”. Pero como hijo, también me preocupa algo —dijo con tranquilidad—. Me preocupa que, con

