—Tengo que darte una lección por lo que hiciste. Como nunca aprendes, tendré que ayudarte a recordarlo.— Adrián abrió la puerta de su lado. —Baja del auto.— Aria miró por la ventana y no se movió. La carretera suburbana conducía a una zona residencial privada, normalmente desierta. A esa hora no había ni un solo vehículo en el camino. Estaba oscureciendo. Incluso si pasaba algún coche, lo más probable es que perteneciera a gente rica y poderosa. Nadie se detendría por ella. Quedarse allí solo le dejaba dos opciones: regresar caminando por el mismo camino o avanzar hacia la residencia de la familia Moretti. En cualquiera de los dos casos, le tomaría al menos diez horas a pie. Y además, llevaba a su hijo en brazos. Aria alzó la mirada para enfrentarse a sus ojos y entreabrió los l

