Un día más.

1196 Words
Minutos antes, dentro del cuarto de limpieza, James, el padre de Lily, y Caroline apenas habían alcanzado a cubrirse. La puerta había chirriado justo cuando estaban a punto de ser descubiertos. James la cerró de golpe, conteniendo la respiración. Ambos se miraron en silencio, expectantes, hasta que escucharon la voz de Bertha alejándose con Lily. —Deberías decírselo —susurró Caroline en voz baja, mientras se acomodaba la blusa—. No puedes seguir escondiéndome. —Lo sé… pero no sé cómo va a reaccionar —respondió James, pasándose una mano por el rostro. —Pues deberías averiguarlo. No pienso seguir entrando a escondidas ni quedándome en hoteles cada vez que quiero verte y ella no es una niña pequeña.— le reclamó enojada Caroline En la sala, Bertha acomodó a Lily en el sofá. Su rostro estaba rojo, no sabía qué excusa inventar. —¿Qué está pasando? —preguntó Lily, inquieta. —Bueno… mi niña… es que… Antes de que pudiera responder, la puerta principal se cerró de golpe. Lily dio un salto. No pudo ver que pasaba, Bertha opacada su visión. —¿Y eso qué fue? —Tal vez el viento —dijo Bertha, fingiendo calma. Entonces, su padre apareció desde el pasillo, con una sonrisa forzada. —Hola, cariño. ¿Cómo te fue hoy? —¿Estabas en casa? —preguntó Lily, observándose con sospecha. —Sí, claro —respondió James, intentando sonar casual. Ella entrecerró los ojos. —¿Había alguien contigo? — espero paciente una respuesta que no llegó —Papá, ya tengo veintitrés años, puedes dejar de esconder mujeres. James tragó saliva. —No es eso… solo que no sé si estás lista para conocerla. —Por Dios, papá. Organiza una cena este fin de semana y preséntala , sea o no la indicada. —Lo haré no te preocupes —dijo él con rapidez—, pero este fin de semana estará ocupada. Lily suspiró, cruzándose de brazos. —Sigues pensando que no me agradará ninguna mujer que consigas… bueno, no me agrada, pero tampoco quiero verte solo. Han pasado muchos años desde que mamá murió. El silencio llenó la sala. James asintió levemente, sin atreverse a sostenerle la mirada. No quería presentarle a nadie, desde que su esposa había fallecido la única mujer que debía proteger y a amar era a Lily, pero era un hombre que empezó a encontrar la compañía de otras mujeres, y no sabía qué sentimientos podría tener Lily respecto a su relación. —Voy a buscar tu suéter lo llevó a tu habitación mi niña — dijo Bertha para dejarlos solos. James se sentó al lado. —Siempre trato de ocultarlas, no quisiera que vieras un desfile de mujeres y que te lleves una mala imagen de mi. —Lo sé, pero… si ya llevas tiempo con ella no creo que le guste que la escondas en el cuarto de limpieza — dijo casi en risas con esa última parte. —Lo sé, ya me disculparé con ella. Por qué no mandamos a comprar una pizza. —Esa idea me encanta. ……… El sonido del despertador la despertó más tarde de lo habitual. Lily apenas había dormido había estado hasta tarde revisando apuntes y el trabajo de Finanzas de la profesora Samantha; además recordaba con gracia la escena del cuarto de limpieza cuando llegó a casa. >pensó entre risas. La mañana transcurrió entre sus libros, su mochila y una caminata apresurada hacia el campus. Hoy Daniel no había pasado por ella. Al llegar al edificio principal, Charlotte y Ava ya la esperaban en las escaleras. —Tienes una cara de zombie —dijo Charlotte, entregando un capuchino de vainilla su favorito. —Gracias… no dormí mucho. —Lily fingió una sonrisa. —¿El trabajo de finanzas? —preguntó Ava, curiosa. —Sí, algo así. En el aula, la rutina de siempre parecía sostener la normalidad: los saludos, los apuntes, las conversaciones rápidas antes de la clase. Pero Lily notó que Peter la miraba. Llevaba la chaqueta de cuero que siempre usaba y ese aire de superioridad que lo seguía como una sombra. Lo vio acercarse con una sonrisa —¿Dormiste bien, Lily? —preguntó, deteniéndose junto a su escritorio. —Sí. Perfectamente —respondió sin mirarlo. Peter apoyó una mano en el respaldo de su silla, inclinándose lo justo para invadir su espacio. —Pensé en ti anoche. Todavía puedes venir el sábado, serias mi invitada más esperada. —Ya te dije que no. —No seas así. A veces hay que relajarse un poco… —Su tono era suave, pero había algo en su mirada que le hizo estremecerse. Ava los observó con atención, notando el gesto tenso de Lily. —Peter, déjala respirar, ¿quieres? No todos tenemos tu agenda social. Él soltó una risa leve. —Tranquila, solo conversamos. El profesor Albert entró al aula en ese momento y Peter se alejó, aunque no sin antes rozar el hombro de Lily al pasar. Ese toque breve bastó para dejarle un escalofrío. Nunca desaprovecha la oportunidad de poner incómoda a Lily, un roce, una mirada o incluso con una sonrisa. Al mediodía, las tres se dirigieron a la cafetería. —Ava, ¿Dónde se ha metido Daniel no ha estado aquí? — preguntó Charlotte. —Su padre lo llamó para que ayudará en la empresa, sabes que a veces necesita ponerlo al corriente de las cosas. —Es comprensible si tomará el negocios y las inversiones de su familia— dijo Lily, ella era de las pocas que sabía que Daniel no era hijo único, tenía una hermana de trece años con una mujer fuera del matrimonio. No sabía bien si Ava conocía ese secreto. Charlotte hablaba de su trabajo de finanzas y Ava revisaba su teléfono, cuando Lily notó a Peter sentado en una mesa cercana, observándolas. —¿Puedes creerlo? —dijo Charlotte, siguiéndole la mirada—. Te está vigilando. —Ignóralo —respondió Lily, bajando la voz — sabes como es. —No deberías dejar que te moleste —intervino Ava—. Si vuelve a incomodarte debes decirnos. Lily asintió, aunque no estaba segura de poder hacerlo. Había pensado en decírselo a Daniel, ya que él y Peter son cercanos y fue él quien los había llevado a reunirse en esa primera cita, aunque a ella nunca lo vio como un posible novio. Sacó su laptop y prefirió concentrarse en los apuntes, colocó sus audífonos mientras buscaba la información de su trabajo y siguió con normalidad. Más tarde, al salir de la cafetería, escuchó pasos detrás de ella. Se giró. Peter caminaba a pocos pasos detrás de ella con calma, las manos en los bolsillos. —Solo quiero hablar —dijo. —No tengo nada que decirte. —dijo sin detenerse. —Vamos, Lily. No me guardes rencor. Lo nuestro fue un malentendido. —Lo nuestro fue un error, Peter. Y los errores no se repiten. Peter se detuvo y la observó un segundo, sonriendo sin alegría. —Ya veremos. Lily apretó los libros contra el pecho y se alejó sin mirar atrás, con la sensación de que aún la seguía observando.
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