Debería haber capturado los rostros de cada uno de los compañeros de la preparatoria cuando me vieron, o mejor aún; el rostro de Liana y las huecas, las muy estúpidas querían morirse de enviada. Pero que esperaban, mi madre era Emily Ruescas el icono de la moda en los Ángeles y en otros países y yo, su hija no podría quedarme atrás. —¡Wow!, Todos te quedan mirando como si fueras Afrodita. —Cállate Jenna, haces que me sonroje.— le tape la boca antes que la escucharan los demás. —Viste la cara de las plásticas huecas, estaban dignas de una selfie.— dijo burlándose de ellas. —Pues la verdad si, pero mejor hay que ir al salón porque no quiero ser regañada. —Okay Afrodita.— Jenna movió su cuerpo imitando un baile sexy. —Estas loca Jenna.— le di un empujón para llevarla al salón conmigo.

