El rey ordenó que todos los ciudadanos de Bakje se reunieran abriendo camino a la llegada de Jin, él realmente odiaba hacer aquello, sin embargo, no tenía elección, aquel es el precio que debe pagar por ser un reino pequeño a comparación del gran Goguryeo. —Vaya bienvenida la que me ofrecen.— Jin sonrió triunfante.— Me alegra que sepan cuál es su lugar.— el hombre miró en dirección de Chan.— Cuánto tiempo sin verte.— se acercó al alto.— ¿Qué tal la vida de casado?— se burló como siempre lo hacía. —Muy bien, Baek ha sido bien educado, felicidades a tu familia por haber hecho un buen trabajo.— el alto halagó, sabía que Jin era egocéntrico por lo que sentirse el más importante allí le hacía ganar puntos. —Bueno, considerando que fué criado por una mujer sin ningún tipo de linaje como su

