Cuatro meses después.

4970 Words
¿Alguna vez te has sentido al borde del abismo sin encontrar ninguna razón para vivir? Porque todos nos hemos sentido así muchas veces, pero siempre hubo personas que no ayudaron y acompañaron para volver a levantarnos y sanarnos. El tiempo pasa y nos enseña a querernos y respetarnos como personas y aunque tengamos que pasar muchas cosas, más malas que buenas, hay que tener el valor de seguir respirando y peleándole a la vida con toda la ilusión y el amor con el que nos enseñaron a luchar por las cosas que queremos. El tiempo pasó y con él todos y cada una de las cosas malas que en los últimos tiempos han vivido y de los que, pese a todo, ninguno se arrepiente. Han crecido como seres humanos y han aprendido a elegir a las personas que quieren en la vida. Aquella noche, cuando la policía ingresó a la casa pudieron constatar a simple vista el desorden mental que padecía Daiana, por lo que luego de llevarla e interrogarla y ver que sus dichos no tenían coherencia alguna, dieron intervención a la unidad psiquiátrica que trabajaba para la policía y la declararon persona inimputable y fue recluida en un neuropsiquiátrico. Hasta donde sé, aun sigue diciendo que Nacho la ama y en su habitación se pueden ver todas y cada una de las páginas de su diario arrancadas desprolijamente y pegadas en la pared, mientras que una foto de él, descansa bajo la almohada de la chica. Respecto a Diego, el profesor González, dicen que ha recompuesto su matrimonio y el hecho de que a Daiana la declarasen enferma mental le sirvió para salvar su reputación y carrera, respecto al incidente de las fotos. ¿querrán saber cómo lo hizo? Sencillo, dijo que la chica lo hostigaba, acosaba y hasta había llegado a inventarse un embarazo producto de una relación que jamás había ocurrido ¿cobarde no? Pero logró salvar su reputación. Él aprendió que por más que el ser humano en el camino de su vida aprende a razonar antes de actuar, muchas veces el instinto puede más que la razón y esto puede llevarte a la destrucción. Que un segundo de placer puede hacerte perder todo lo que durante años te esforzaste por conseguir y realmente no vale la pena. Pero Camila . . . ella aprendió algo más valioso y es amarse y saber lo que vale. … Tres años más tarde. Con un casi inaudible “ Eres mas que perfecta” y con pasos lentos y decididos, sus manos toman y acunan su rostro para besarla suavemente y de un segundo a otro devorarla por completo. En seguida el ambiente se torna caliente entre sus cuerpos desnudos que se prenden fuego y arden y sólo se escuchan en el vacío los quejidos de placer. Sus manos recorren cada rincón de su cuerpo, espacios que encajan perfectamente en las caricias de él. Sus labios se alejan de su boca para regalar un viaje húmedo a cada rincón de su cuerpo mientras las manos de ella sujetan con fuerza el cabello de él intentando pegarlo más a su cuerpo y guiándolo hacia su deseo. Humedece sus labios para seguir lamiendo y mordiendo cada milímetro de su ser, en la medida que sus manos aprietan su carne cada vez que ella araña y marca su espalda. Regresa a su boca y la besa con desesperación y mucha prisa, como si ella fuera ese oxigeno que necesita para respirar. Vuelve a dejar su boca para bajar por su caliente abdomen, mientras lame y muerde su cuello y ella le regala jadeos de placer que se hacen eco en la cabeza de él. Muerde el lóbulo de su oreja y todo el cuerpo de ella se contrae ante lo que le hace a su cuerpo. Sus manos se deslizan por su vientre mientras y su boca encierra uno de sus pechos haciendo contacto su húmeda lengua con su pezón erecto y caliente. Una de sus manos sigue en viaje hasta llegar a su bajo vientre mientras que la otra masajea y estruja el otro pecho. Sus gemidos de deseo van en aumento y todo su cuerpo se encorva al sentir como sus fríos dedos se deslizas arriba y abajo en su hendidura mojada de la excitación. Ella separa las piernas un poco dándole lugar a que sus dedos se adentren en ella de una manera lenta y tortuosa, haciendo que ese punto, donde se concentra y explota el deseo se hinche, se caliente y él lo sienta latente en su lengua. Sus dedos entran y salen de ella en la medida en que todo su cuerpo se entrega al placer, a los deseos de ese hombre que toma y sacia su hambre comiendo del cuerpo de ella. Retira sus dedos y su boca de su centro y se aleja un poco de ella para admirarla allí tendida en la cama, con la respiración agitada, sus ojos cerrados y todo su cuerpo mojado por sus labios y la mezcla del sudor de ambos cuerpos embriagados de sexo. Toma de la mesa de luz un condón y se lo coloca mientras la mira con deseo y muchas ganas mientras que ella abre sus piernas ante él, dándose lugar para acomodarse encima y en medio de ella. Coloca su sexo en su entrada y toma aire para adentrarse de forma lenta y tortuosa en ella para llegar a tope de un fuerte envión, el cual ella recibe con un grito que él recibe en su boca haciéndose eco en su garganta y encerrándolo con sus piernas entrecruzadas en la parte baja de su espalda. Los movimientos van en aumento mientras sus bocas se devoran y regalan los gemidos del otro. La habitación se envuelve en gritos de placer, dos cuerpos chocándose, restregándose, llenándose por completo mientras sienten como el sudor que bañan sus cuerpos y sus fluidos se mezclan hasta que al mismo tiempo, en un casi aullido desgarrador, llegan al éxtasis cayendo casi desmayado enésima del cuerpo cansado y sudado de ella. - Nunca me cansare de ti. – le dice él mirándola con todo el amor que se le puede mirar a una mujer. - Ni yo de ti. – le contesto ella, perdiéndose en el mar de amor de su mirada. – - Esa noche me salvaste. – le dice él tomando su rostro – estaba tan lleno de dolor que em había olvidado cómo se siente amar de verdad. - - Te equivocas, esa noche vos me salvaste a mí por eso te amo Nacho. – le dice con amor, para depositar un tierno beso en sus labios. - Y yo te amo para siempre Camila. – concluye él, para darle un beso apasionado y volver hacer el amor otra vez. ¿pero cómo llegamos hasta acá? pasa y te cuento mi historia. CUATRO MESES DESPUES DEL INCIDENTE QUE CASI ME CUSTA LA VIDA. Habían pasado cuatro largos meses del incidente que ocurrió con Daiana y no había vuelto a ver a Nacho, lo último que recuerdo es desvanecerme en camino al hospital y que él se encontraba a mi lado. Cuando desperté, sólo estaba Daniela, ¿pero de él? ni un rastro, ni una mínima pista de donde puede estar. Los padres tanto de él como de Daiana, se habían hecho presente en el hospital mientras estuve internada y me habían pedido disculpas en nombre de su hija, al parecer no tenían idea de lo que había sucedido realmente entre los tres, simplemente me contaron que ellos creían que su enfermedad era hereditaria, dado que la bisabuela materna había padecido esa enfermedad hasta el final de sus días. Pero yo sabía que el motivo de haber desatado esa locura, se inclinaba más por Nacho que por otra cosa. La realidad era que, si Daiana estaba así, el culpable no era otro más que él, dado que fue quién le dio falsas esperanzas aun sabiendo que su relación era prohibida y lo peor de todo, que estoy segura que la culpa lo esta matando. Pero no quiere hablar conmigo y su familia lo último que supo fue hace dos semanas que los llamó para avisarles que se iría de la ciudad. Para los padres no era nada raro que Nacho desapareciera por semanas, dado que después de lo que sucedió con Marina y su hijo había tomado la calle, pero lo que más les preocupaba era que nuevamente se sumerja en las drogas. Ignacio siempre sintió culpa de haber sido el que eligió la muerte de su pequeño por encima de la vida de Marina y que por eso ella nunca lo perdonó y se mató. El comprender que el solo actuó por amor fue algo que le tomó años por comprender y para ello pasó por muchas cosas, consumo de cocaína, carrera de motos callejeras, robos, etc. Era el típico muchacho sexi y malo que a todas las mujeres hacía suspirar, pero la realidad era que se estaba muriendo por dentro y él estaba ayudando a ese proceso. A Nacho le costó muchísimo poder salir de todo ese infierno y ahora, nuevamente se hundía en él ¿y cómo iba a ser capaz de salir? Si quiere me quería escuchar y cuando llamaba a sus padres se negaba a querer hablarme y yo sentía que me moría por dentro. Tono lo que me sucedió en este tiempo y lo que tuve que vivir particularmente este último,  me hizo dar cuenta de quién realmente me quería y se la jugaría por mí y el pensar que no supe valorar eso y que solo fue parte de un plan, me estrujaba el corazón. Nunca tuve intenciones de lastimarlo y sin darme cuenta lo empecé a querer, pero ¿qué importaba eso ahora si no quiere ni escuchar mi nombre? -          ¿Qué haces Cami? – me pregunta mientras ve que estoy con el teléfono en la mano y mordiéndome las uñas, mientras ella se cambia para la salida que tenemos con Ayelén. - ¿no me digas que otra vez estas intentando comunicarte con él? – dice a modo de cansancio y yo solo puedo afirmar con la cabeza y posar mi mirada en un punto fijo lejos de ella. – mira Cami, yo ya te expliqué que cuando una persona esta muy herida necesita su tiempo ¿no te acordas lo que a vos te costó superar lo de Sebastián? - asentí con la cabeza. – bueno, es lo mismo. Dejalo que cuando se le pase, aclare sus ideas va a querer hablarte. – -          ¿y mientras tanto? – le pregunto tratando de no dejar más en evidencia mi tristeza. -          Mientras tanto viví amiga, viví la vida. – Dani tenía razón. Por un lado, llevaba meses intentando hablar con él pero no quería saber nada de mí y por el otro, tampoco podía pensar en vivir, cuando tengo el corazón partido en mil pedazos ¿Cómo se hace para seguir sonriendo cuando el alma llora? Ya me canse de fingir que no pasa anda cuando pasa todo y todo lo que pasa me está matando día a día. A clases no volví desde el incidente con Daiana, por lo que si bien no he visto más a Diego, no he dejado de recibir mensajes ni rechazar llamadas. Sinceramente no me apetecía hablarle, sinceramente no quería saber más de él. Estuve al borde de la muerte  y a él solo le importaría las malditas fotos, que, a esta altura poco me importaba perder mi carrera. Estaba cansada de todo, especialmente de los hombres. Todavía recuerdo que Gabriel antes de irse, me había propuesto ser la cara de su línea de lencería y yo lo rechace, pero francamente ¿Qué me ata acá? Estaba harta de todo, de que Nacho no levantará mis llamados y se esconda, que Diego me llenará la casilla de mensajes donde la mayoría me decía si había logrado borrar las fotos ¡Que carajo me importaban las fotos a mi! Estaba cansada de toda la situación que lo único que hacía era restarle a mi vida más que sumarle. -          ¿Cómo estás Camí? – me pregunta Ayelén ni bien se me acercó para saludarme con un beso en la mejilla . -          Bien, gracias por preguntar. – le dije sin disimular la tristeza y el cansancio en el rostro. -          Entonces dile  a tu cara que manifiesta otra cosa. – yo solo pude suspirar pesadamente, estaba cansada de tener que soportar ser la que arruina las salidas siempre. Pero no, está vez iría a ser la que se queda lamentándose por supuesto que no ¿Dónde había quedado la Camila que se comía el mundo? ¿Me enamoro y me cambio a modo idiota? No. Esta vez no. -          Ya fue, vamos a bailar. – toma a ambas con cada mano y nos fuimos a la pista de baile    No tenía ganas de bailar, esa era la verdad pero no podía quedarme sentada en una silla sin hacer nada. Ellas me había traído hasta acá con la intención de que me despeje y lo que menos estaba haciendo era eso, despejarme. Llevaba meses sin saber de Nacho y tampoco le levantaba los mensajes a Diego, realmente estaba confundida, me sentía mareada. Por un lado, el sentimiento de culpa por haber engañado y lastimado los sentimientos de Nacho y por el otro, el deseo y la ansiedad de la carne hacia Diego. Estoy en medio del amor y la pasión y no se que hacer.  Hace meses que no estoy con un hombre y no es porque no haya tenido oportunidad, de hecho me sobran, simplemente no puedo, no me nace, no siento. -          ¡Cambia la cara! – me dice Daniela mientras baila bachata con Ayelen y yo apenas me muevo en la pista. -          ¡Dale Camí, tenés que vivir no podés estar toda la vida en medio de Diego y Nacho! ¡Dale vuelta a la página! – me dice Ayelen mientras se detiene y se me acerca al oído. -          ¡Tiene razón, ya has hecho de todo por qué Nacho te escuché y no quiere hacerlo. Eso ya es problema de él. Respecto a Diego,  por más que haya salvado su reputación y la tuya no pueden volver arriesgarse. – concluye Ayelen. -          ¡Vamos, vinimos a pasarla bien! ¡A tomar! –   Dejamos la pista para ir hasta la barra y comenzar a embriagarnos como nunca antes. Necesitaba olvidarme de todo lo que había vivido, del rechazo de Nacho, del deseo que no logro manejar hacia Diego y de Daiana, pro qué si había algo que tenía en claro, era que antes de conocerlos yo era feliz y ahora vivo padeciendo por qué me escuche, aunque sea una sola vez. Media hora más tarde ya estábamos ebrias, habíamos perdido la noción del tiempo y el espacio que cantaba mis a gritos canciones de despecho, en tanto nos abrazamos y reíamos descontroladamente. De repente todo a nuestro alrededor se volvió interesante y sin pensarlo dos veces volvimos a la pista a bailar. Movimos las caderas al compás de la música, mientras seguíamos tomando del cóctel de casi dos litros que compartíamos entre las tres.  Todo me daba vueltas en la cabeza, pero hacía tanto que no disfrutaba la noche que me dejaba llevar. De un momento a otro, me quedo sola en la pista ¿A dónde se habían ido estas dos? Todo se torna n***o y cuando siento que me toman del brazo y me dan vuelta bruscamente lo que mis ojos ven no lo pueden creer. -          ¿Vos? – le dije sorprendida de encontrarlo en ese lugar. Habían pasado cuatro largos meses del incidente que ocurrió con Daiana y no había vuelto a ver a Nacho, lo último que recuerdo es desvanecerme en camino al hospital y que él se encontraba a mi lado. Cuando desperté, sólo estaba Daniela, ¿pero de él? ni un rastro, ni una mínima pista de donde puede estar. Los padres tanto de él como de Daiana, se habían hecho presente en el hospital mientras estuve internada y me habían pedido disculpas en nombre de su hija, al parecer no tenían idea de lo que había sucedido realmente entre los tres, simplemente me contaron que ellos creían que su enfermedad era hereditaria, dado que la bisabuela materna había padecido esa enfermedad hasta el final de sus días. Pero yo sabía que el motivo de haber desatado esa locura, se inclinaba más por Nacho que por otra cosa. La realidad era que, si Daiana estaba así, el culpable no era otro más que él, dado que fue quién le dio falsas esperanzas aun sabiendo que su relación era prohibida y lo peor de todo, que estoy segura que la culpa lo esta matando. Pero no quiere hablar conmigo y su familia lo último que supo fue hace dos semanas que los llamó para avisarles que se iría de la ciudad. Para los padres no era nada raro que Nacho desapareciera por semanas, dado que después de lo que sucedió con Marina y su hijo había tomado la calle, pero lo que más les preocupaba era que nuevamente se sumerja en las drogas. Ignacio siempre sintió culpa de haber sido el que eligió la muerte de su pequeño por encima de la vida de Marina y que por eso ella nunca lo perdonó y se mató. El comprender que el solo actuó por amor fue algo que le tomó años por comprender y para ello pasó por muchas cosas, consumo de cocaína, carrera de motos callejeras, robos, etc. Era el típico muchacho sexi y malo que a todas las mujeres hacía suspirar, pero la realidad era que se estaba muriendo por dentro y él estaba ayudando a ese proceso. A Nacho le costó muchísimo poder salir de todo ese infierno y ahora, nuevamente se hundía en él ¿y cómo iba a ser capaz de salir? Si quiere me quería escuchar y cuando llamaba a sus padres se negaba a querer hablarme y yo sentía que me moría por dentro. Tono lo que me sucedió en este tiempo y lo que tuve que vivir particularmente este último,  me hizo dar cuenta de quién realmente me quería y se la jugaría por mí y el pensar que no supe valorar eso y que solo fue parte de un plan, me estrujaba el corazón. Nunca tuve intenciones de lastimarlo y sin darme cuenta lo empecé a querer, pero ¿qué importaba eso ahora si no quiere ni escuchar mi nombre? -          ¿Qué haces Cami? – me pregunta mientras ve que estoy con el teléfono en la mano y mordiéndome las uñas, mientras ella se cambia para la salida que tenemos con Ayelén. - ¿no me digas que otra vez estas intentando comunicarte con él? – dice a modo de cansancio y yo solo puedo afirmar con la cabeza y posar mi mirada en un punto fijo lejos de ella. – mira Cami, yo ya te expliqué que cuando una persona esta muy herida necesita su tiempo ¿no te acordas lo que a vos te costó superar lo de Sebastián? - asentí con la cabeza. – bueno, es lo mismo. Dejalo que cuando se le pase, aclare sus ideas va a querer hablarte. – -          ¿y mientras tanto? – le pregunto tratando de no dejar más en evidencia mi tristeza. -          Mientras tanto viví amiga, viví la vida. – Dani tenía razón. Por un lado, llevaba meses intentando hablar con él pero no quería saber nada de mí y por el otro, tampoco podía pensar en vivir, cuando tengo el corazón partido en mil pedazos ¿Cómo se hace para seguir sonriendo cuando el alma llora? Ya me canse de fingir que no pasa anda cuando pasa todo y todo lo que pasa me está matando día a día. A clases no volví desde el incidente con Daiana, por lo que si bien no he visto más a Diego, no he dejado de recibir mensajes ni rechazar llamadas. Sinceramente no me apetecía hablarle, sinceramente no quería saber más de él. Estuve al borde de la muerte  y a él solo le importaría las malditas fotos, que, a esta altura poco me importaba perder mi carrera. Estaba cansada de todo, especialmente de los hombres. Todavía recuerdo que Gabriel antes de irse, me había propuesto ser la cara de su línea de lencería y yo lo rechace, pero francamente ¿Qué me ata acá? Estaba harta de todo, de que Nacho no levantará mis llamados y se esconda, que Diego me llenará la casilla de mensajes donde la mayoría me decía si había logrado borrar las fotos ¡Que carajo me importaban las fotos a mi! Estaba cansada de toda la situación que lo único que hacía era restarle a mi vida más que sumarle. -          ¿Cómo estás Camí? – me pregunta Ayelén ni bien se me acercó para saludarme con un beso en la mejilla . -          Bien, gracias por preguntar. – le dije sin disimular la tristeza y el cansancio en el rostro. -          Entonces dile  a tu cara que manifiesta otra cosa. – yo solo pude suspirar pesadamente, estaba cansada de tener que soportar ser la que arruina las salidas siempre. Pero no, está vez iría a ser la que se queda lamentándose por supuesto que no ¿Dónde había quedado la Camila que se comía el mundo? ¿Me enamoro y me cambio a modo idiota? No. Esta vez no. -          Ya fue, vamos a bailar. – toma a ambas con cada mano y nos fuimos a la pista de baile    No tenía ganas de bailar, esa era la verdad pero no podía quedarme sentada en una silla sin hacer nada. Ellas me había traído hasta acá con la intención de que me despeje y lo que menos estaba haciendo era eso, despejarme. Llevaba meses sin saber de Nacho y tampoco le levantaba los mensajes a Diego, realmente estaba confundida, me sentía mareada. Por un lado, el sentimiento de culpa por haber engañado y lastimado los sentimientos de Nacho y por el otro, el deseo y la ansiedad de la carne hacia Diego. Estoy en medio del amor y la pasión y no se que hacer.  Hace meses que no estoy con un hombre y no es porque no haya tenido oportunidad, de hecho me sobran, simplemente no puedo, no me nace, no siento. -          ¡Cambia la cara! – me dice Daniela mientras baila bachata con Ayelen y yo apenas me muevo en la pista. -          ¡Dale Camí, tenés que vivir no podés estar toda la vida en medio de Diego y Nacho! ¡Dale vuelta a la página! – me dice Ayelen mientras se detiene y se me acerca al oído. -          ¡Tiene razón, ya has hecho de todo por qué Nacho te escuché y no quiere hacerlo. Eso ya es problema de él. Respecto a Diego,  por más que haya salvado su reputación y la tuya no pueden volver arriesgarse. – concluye Ayelen. -          ¡Vamos, vinimos a pasarla bien! ¡A tomar! –   Dejamos la pista para ir hasta la barra y comenzar a embriagarnos como nunca antes. Necesitaba olvidarme de todo lo que había vivido, del rechazo de Nacho, del deseo que no logro manejar hacia Diego y de Daiana, pro qué si había algo que tenía en claro, era que antes de conocerlos yo era feliz y ahora vivo padeciendo por qué me escuche, aunque sea una sola vez. Media hora más tarde ya estábamos ebrias, habíamos perdido la noción del tiempo y el espacio que cantaba mis a gritos canciones de despecho, en tanto nos abrazamos y reíamos descontroladamente. De repente todo a nuestro alrededor se volvió interesante y sin pensarlo dos veces volvimos a la pista a bailar. Movimos las caderas al compás de la música, mientras seguíamos tomando del cóctel de casi dos litros que compartíamos entre las tres.  Todo me daba vueltas en la cabeza, pero hacía tanto que no disfrutaba la noche que me dejaba llevar. De un momento a otro, me quedo sola en la pista ¿A dónde se habían ido estas dos? Todo se torna n***o y cuando siento que me toman del brazo y me dan vuelta bruscamente lo que mis ojos ven no lo pueden creer. -          ¿Vos? – le dije sorprendida de encontrarlo en ese lug -          ¿Vos? – le dije sorprendida de encontrarlo en ese lugar. Habían pasado cuatro largos meses del incidente que ocurrió con Daiana y no había vuelto a ver a Nacho, lo último que recuerdo es desvanecerme en camino al hospital y que él se encontraba a mi lado. Cuando desperté, sólo estaba Daniela, ¿pero de él? ni un rastro, ni una mínima pista de donde puede estar. Los padres tanto de él como de Daiana, se habían hecho presente en el hospital mientras estuve internada y me habían pedido disculpas en nombre de su hija, al parecer no tenían idea de lo que había sucedido realmente entre los tres, simplemente me contaron que ellos creían que su enfermedad era hereditaria, dado que la bisabuela materna había padecido esa enfermedad hasta el final de sus días. Pero yo sabía que el motivo de haber desatado esa locura, se inclinaba más por Nacho que por otra cosa. La realidad era que, si Daiana estaba así, el culpable no era otro más que él, dado que fue quién le dio falsas esperanzas aun sabiendo que su relación era prohibida y lo peor de todo, que estoy segura que la culpa lo esta matando. Pero no quiere hablar conmigo y su familia lo último que supo fue hace dos semanas que los llamó para avisarles que se iría de la ciudad. Para los padres no era nada raro que Nacho desapareciera por semanas, dado que después de lo que sucedió con Marina y su hijo había tomado la calle, pero lo que más les preocupaba era que nuevamente se sumerja en las drogas. Ignacio siempre sintió culpa de haber sido el que eligió la muerte de su pequeño por encima de la vida de Marina y que por eso ella nunca lo perdonó y se mató. El comprender que el solo actuó por amor fue algo que le tomó años por comprender y para ello pasó por muchas cosas, consumo de cocaína, carrera de motos callejeras, robos, etc. Era el típico muchacho sexi y malo que a todas las mujeres hacía suspirar, pero la realidad era que se estaba muriendo por dentro y él estaba ayudando a ese proceso. A Nacho le costó muchísimo poder salir de todo ese infierno y ahora, nuevamente se hundía en él ¿y cómo iba a ser capaz de salir? Si quiere me quería escuchar y cuando llamaba a sus padres se negaba a querer hablarme y yo sentía que me moría por dentro. Tono lo que me sucedió en este tiempo y lo que tuve que vivir particularmente este último,  me hizo dar cuenta de quién realmente me quería y se la jugaría por mí y el pensar que no supe valorar eso y que solo fue parte de un plan, me estrujaba el corazón. Nunca tuve intenciones de lastimarlo y sin darme cuenta lo empecé a querer, pero ¿qué importaba eso ahora si no quiere ni escuchar mi nombre? -          ¿Qué haces Cami? – me pregunta mientras ve que estoy con el teléfono en la mano y mordiéndome las uñas, mientras ella se cambia para la salida que tenemos con Ayelén. - ¿no me digas que otra vez estas intentando comunicarte con él? – dice a modo de cansancio y yo solo puedo afirmar con la cabeza y posar mi mirada en un punto fijo lejos de ella. – mira Cami, yo ya te expliqué que cuando una persona esta muy herida necesita su tiempo ¿no te acordas lo que a vos te costó superar lo de Sebastián? - asentí con la cabeza. – bueno, es lo mismo. Dejalo que cuando se le pase, aclare sus ideas va a querer hablarte. – -          ¿y mientras tanto? – le pregunto tratando de no dejar más en evidencia mi tristeza. -          Mientras tanto viví amiga, viví la vida. – Dani tenía razón. Por un lado, llevaba meses intentando hablar con él pero no quería saber nada de mí y por el otro, tampoco podía pensar en vivir, cuando tengo el corazón partido en mil pedazos ¿Cómo se hace para seguir sonriendo cuando el alma llora? Ya me canse de fingir que no pasa anda cuando pasa todo y todo lo que pasa me está matando día a día. A clases no volví desde el incidente con Daiana, por lo que si bien no he visto más a Diego, no he dejado de recibir mensajes ni rechazar llamadas. Sinceramente no me apetecía hablarle, sinceramente no quería saber más de él. Estuve al borde de la muerte  y a él solo le importaría las malditas fotos, que, a esta altura poco me importaba perder mi carrera. Estaba cansada de todo, especialmente de los hombres. Todavía recuerdo que Gabriel antes de irse, me había propuesto ser la cara de su línea de lencería y yo lo rechace, pero francamente ¿Qué me ata acá? Estaba harta de todo, de que Nacho no levantará mis llamados y se esconda, que Diego me llenará la casilla de mensajes donde la mayoría me decía si había logrado borrar las fotos ¡Que carajo me importaban las fotos a mi! Estaba cansada de toda la situación que lo único que hacía era restarle a mi vida más que sumarle.
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