Cuatro meses del ingreso de Daiana al centro Psiquiátrico y los médicos aun sorprendidos al ver que el tratamiento no estaba arrojando buenos resultados, pese a que ellos mismos seguían de cerca todos los detalles, no podían cerciorarse de que la paciente hiciera su parte de manera efectiva.
Otra de sus actitudes que realmente preocupaban a los especialistas eran las autoflagelaciones. Las lesiones comenzaron aparecer a la semana de su ingreso por lo cual tuvo que ser derivada a un pabellón exclusivo dónde tuviera vigilancia personalizada las 24 hs.
Así mismo, no podían entender cómo todos los estudios que se le habían realizado hasta el momento, mostraban que era incapaz de sentir sentimientos compasivos por quienes la rodean y que no percibía la realidad como tal, sino que vivía sumergida en un estado de inconsciencia, despierta, dónde todo giraba en torno a lo que ella creía. Esta era una actitud que realmente les preocupaba, dado que, si no tomaba conciencia de lo que le había sucedido, de su realidad sería difícil que pudiera empezar a responder de manera positiva al tratamiento y esto era una alerta para los especialistas dado que, seguía siendo considerada paciente peligrosa para sí misma como para terceros.
Lo que los médicos no sabían, era que, en el cuerpo de Daiana, seguía creciendo el odio que tenía hacia Camila y que más de una vez se había jurado muy lucida, que se vengaría por haberle quitado al hombre que amaba.
Para ella, Ayala lo había seducido y esa era la razón por la cual, Nacho se había olvidado de ella, pero que si volvían a verse él recordaría que la amaba y volverían a estar juntos. En todo este tiempo, ella no había dejado de escribir sobre él ni de dibujar su rostro o características del mismo y cada vez que ingresaban a su habitación a por algún motivo, se encontraban con más y más papeles pegados en las paredes.
Cada vez que tenia sesiones con su psicóloga siempre eran las mismas preguntas con sus mismas respuestas. Daiana mostraba incapacidad de aceptar el motivo de su encierro y manifestaba emociones negativas cada vez que en la conversación se nombraba a su hermanastro. La ultima vez que la doctora le preguntó sobre Marina, la ex novia de Nacho, le agarró un ataque de nervios que la llevó no solo a autoflagelarse, sino a destruir todo lo que tenía a su alrededor y atacando a la especialista, lo cual tuvieron que sedarla y amarrarla con chalecos de fuerza.
Lo que nadie sabía ni se imaginaba era que, así como la veían, ella sabía perfectamente por qué estaba allí, reconocía lo que le había hecho a Camila y no se arrepentía por ello, si no de no haber podido matarla y que el día que ingresó al establecimiento psiquiátrico se juró hacer hasta lo imposible por salir de allí y cobrarse, de la peor manera, todo lo que le había hecho.
Ella estaba tan cegada de odio que había sido capaz de seducir a uno de los enfermeros, el mismo que cuidaba su pabellón por las noches y como era costumbre violar a las internas en ese establecimiento, a ninguno le pareció raro que se perdiera todas las noches en la habitación de Fernández.
- Pensé que no ibas a venir. – le decía ella mientras él, miraba ambos costados antes de cerrar la habitación.
- No pude venir antes dado que recién terminó el recorrido del turno tarde. – le explicaba mientras se sacaba los zapatos y se desvestía.
Para Pablo, el enfermero, estar todas las noches con Daiana era simplemente un desahogo s****l, dado que estaba atravesando una ruptura con su esposa y estaba muy susceptible por ello.
Hacía dos meses que estaban juntos por las noches y ella había logrado ganar su confianza que hasta le hacía de detective. Cada vez que ella le pedía que siguiera a Camila y a Nacho, debía entregarle su cuerpo para que aquel accediese y como para ella, saber de ambos era una necesidad, como el oxígeno para respirar, era un placer entregarse por que cumpliera sus pedidos.
Otra de las cosas que había adoptado en todo este tiempo, era el consumo por la heroína, era un secreto a voces entre los empleados nocturnos que las pacientes a las cuales abusaban, las drogaran para que no puedan decir nada sobre lo que le hacían, pero con Daiana era diferente.
Las drogas le daban la adrenalina que necesitaba para seguir alimentando su odio y él se las proveía. Salvo las veces que le tocaba estudios de sangre, allí, por una semana, no consumía. Debía estar limpia.
Daiana sabía cómo volverlo loco, conocía detalladas cada una de sus zonas erógenas y aprovechaba su poder para poder hacer de su cuerpo un títere, bajo sus manos, sobre y dentro de sus partes íntimas. A él lo volvía loco cada vez que ella se sentaba sobre su duro pene y de espaldas se revolvía sobre él y podía sentir la profundidad que iba ganando con cada movimiento suyo.
Era costumbre escuchar música clásica cada vez que violaban a las internas ya que les permitía extasiarse sin reprimir un solo gemido y a él le volvía loco los gritos de placer de ella.
Otra de las cosas que le volvían loco era la manera en la que ella jugaba con su m*****o en la boca, Daiana era una diosa y en ello no había mujer que pudiera igualarla. Para Pablo, nunca en sus 30 años había sido poseído por una mujer tan hermosa y pasional como ella y lo tenía realmente embrujado, tal es así que si le pedía que saltase de l la montaña más alta, lo haría sin dudar un solo segundo y ella sabía eso.
- Estas tan estrecha que me vuelve loco lo que haces con mi m*****o dentro tuyo. –
Para él cada noche era algo nuevo, la manera en la que lo tomaba bajo las sabanas lo hacían perder los cinco sentidos. Ella podía manejarlo cómo quería y él dejaba que hiciera de sí mismo lo que deseaba. Había explorado cada orificio de su cuerpo y nunca en su vida había conocido el placer como con ella.
- Estoy por llegar… -
Le decía con la voz entre cortada mientras ella movía su cuerpo de manera intensa y ligera y al mismo tiempo que podía ver en su rostro, como sus facciones se desencajaban, sus ojos se le ponían en blanco, su cuerpo temblaba ella solo reía, sintiendo como él, le acababa tan adentro, tan profundo.
Ella sabía que a Pablo le enloquecía terminar dentro de ella y ese era un placer que no solo nole prohibia sino que motivaba para que siga volviéndose loco dado que así, podía tenerlo bajo sus órdenes. Sabía que siempre al terminar, una pastilla del día después debía ingerir para no quedar embarazada.
Ella era malvada, era el engendro del demonio y de solo pensar que puede gestar vida en su vientre, que no es de Nacho, sería capaz de asesinar a su propio hijo.
- ¿Qué me has averiguado esta vez? – le preguntó aun sentada sobre su m*****o en tanto él intentaba reponerse del exquisito orgasmo que acababa de darle.
- No han vuelto a estar juntos. Él se encuentra en las afueras de la ciudad y he visto que lo acompaña una chica rubia. –
El simple hecho de escuchar que Nacho, su Ignacio se encontraba con otra mujer hizo que toda su sangre hirviera a 100 centígrados y no quiso escuchar más, sino que comenzó en un ataque de nervios y a los gritos empezó a rasguñarle el cuerpo ante el grito
- ¡mentira, él es mío, solo mío! – toda esta actitud “enfrió” por completo a Pablo y de un solo empujón la sacó de su regazo y se incorporó rápidamente.
Al verla tirada en el piso tomándose la cabeza con ambas manos y diciéndose a si misma que era una mentira, que Nacho no podía estar engañándola él logra vestirse rápidamente y previo a salir, la toma de ambas muñecas y antes que pueda decirle algo la tira contra la cama y él toma el control de la situación.
Entre gritos, manotazos y patadas logra sentarse en su pecho, dificultándole poder respirar cuando se acerca a su rostro para decirle algo, ella lo escupe y eso provoca su enojo que respondió con un golpe de puño en su labio.
Ella podía sentir como el líquido caliente se escurría de su boca. No sólo la había golpeado, sino que la había lastimado y eso era algo que en su vida podría perdonarle y que en algún momento se cobraría.
- Donde vuelvas a hacer una cosa así, voy a darte una paliza que no te va a reconocer ni tu querido Nachito. -
Luego de decir aquello, se levanta de ella y antes de salir la observa nuevamente para decirle algo.
– coges tan rico que es una pena que estés así de loca. – la observa de arriba abajo con actitud despreciable.
– que desperdicio de mujer. – y se marcha dejándola sola en la habitación.
Lo que él nunca podría imaginarse que lo que había hecho no le saldría para nada barato.
Cuatro meses del ingreso de Daiana al centro Psiquiátrico y los médicos aun sorprendidos al ver que el tratamiento no estaba arrojando buenos resultados, pese a que ellos mismos seguían de cerca todos los detalles, no podían cerciorarse de que la paciente hiciera su parte de manera efectiva.
Otra de sus actitudes que realmente preocupaban a los especialistas eran las autoflagelaciones. Las lesiones comenzaron aparecer a la semana de su ingreso por lo cual tuvo que ser derivada a un pabellón exclusivo dónde tuviera vigilancia personalizada las 24 hs.
Así mismo, no podían entender cómo todos los estudios que se le habían realizado hasta el momento, mostraban que era incapaz de sentir sentimientos compasivos por quienes la rodean y que no percibía la realidad como tal, sino que vivía sumergida en un estado de inconsciencia, despierta, dónde todo giraba en torno a lo que ella creía. Esta era una actitud que realmente les preocupaba, dado que, si no tomaba conciencia de lo que le había sucedido, de su realidad sería difícil que pudiera empezar a responder de manera positiva al tratamiento y esto era una alerta para los especialistas dado que, seguía siendo considerada paciente peligrosa para sí misma como para terceros.
Lo que los médicos no sabían, era que, en el cuerpo de Daiana, seguía creciendo el odio que tenía hacia Camila y que más de una vez se había jurado muy lucida, que se vengaría por haberle quitado al hombre que amaba.
Para ella, Ayala lo había seducido y esa era la razón por la cual, Nacho se había olvidado de ella, pero que si volvían a verse él recordaría que la amaba y volverían a estar juntos. En todo este tiempo, ella no había dejado de escribir sobre él ni de dibujar su rostro o características del mismo y cada vez que ingresaban a su habitación a por algún motivo, se encontraban con más y más papeles pegados en las paredes.
Cada vez que tenia sesiones con su psicóloga siempre eran las mismas preguntas con sus mismas respuestas. Daiana mostraba incapacidad de aceptar el motivo de su encierro y manifestaba emociones negativas cada vez que en la conversación se nombraba a su hermanastro. La ultima vez que la doctora le preguntó sobre Marina, la ex novia de Nacho, le agarró un ataque de nervios que la llevó no solo a autoflagelarse, sino a destruir todo lo que tenía a su alrededor y atacando a la especialista, lo cual tuvieron que sedarla y amarrarla con chalecos de fuerza.
Lo que nadie sabía ni se imaginaba era que, así como la veían, ella sabía perfectamente por qué estaba allí, reconocía lo que le había hecho a Camila y no se arrepentía por ello, si no de no haber podido matarla y que el día que ingresó al establecimiento psiquiátrico se juró hacer hasta lo imposible por salir de allí y cobrarse, de la peor manera, todo lo que le había hecho.
Ella estaba tan cegada de odio que había sido capaz de seducir a uno de los enfermeros, el mismo que cuidaba su pabellón por las noches y como era costumbre violar a las internas en ese establecimiento, a ninguno le pareció raro que se perdiera todas las noches en la habitación de Fernández.
- Pensé que no ibas a venir. – le decía ella mientras él, miraba ambos costados antes de cerrar la habitación.
- No pude venir antes dado que recién terminó el recorrido del turno tarde. – le explicaba mientras se sacaba los zapatos y se desvestía.
Para Pablo, el enfermero, estar todas las noches con Daiana era simplemente un desahogo s****l, dado que estaba atravesando una ruptura con su esposa y estaba muy susceptible por ello.
Hacía dos meses que estaban juntos por las noches y ella había logrado ganar su confianza que hasta le hacía de detective. Cada vez que ella le pedía que siguiera a Camila y a Nacho, debía entregarle su cuerpo para que aquel accediese y como para ella, saber de ambos era una necesidad, como el oxígeno para respirar, era un placer entregarse por que cumpliera sus pedidos.
Otra de las cosas que había adoptado en todo este tiempo, era el consumo por la heroína, era un secreto a voces entre los empleados nocturnos que las pacientes a las cuales abusaban, las drogaran para que no puedan decir nada sobre lo que le hacían, pero con Daiana era diferente.
Las drogas le daban la adrenalina que necesitaba para seguir alimentando su odio y él se las proveía. Salvo las veces que le tocaba estudios de sangre, allí, por una semana, no consumía. Debía estar limpia.
Daiana sabía cómo volverlo loco, conocía detalladas cada una de sus zonas erógenas y aprovechaba su poder para poder hacer de su cuerpo un títere, bajo sus manos, sobre y dentro de sus partes íntimas. A él lo volvía loco cada vez que ella se sentaba sobre su duro pene y de espaldas se revolvía sobre él y podía sentir la profundidad que iba ganando con cada movimiento suyo.
Era costumbre escuchar música clásica cada vez que violaban a las internas ya que les permitía extasiarse sin reprimir un solo gemido y a él le volvía loco los gritos de placer de ella.
Otra de las cosas que le volvían loco era la manera en la que ella jugaba con su m*****o en la boca, Daiana era una diosa y en ello no había mujer que pudiera igualarla. Para Pablo, nunca en sus 30 años había sido poseído por una mujer tan hermosa y pasional como ella y lo tenía realmente embrujado, tal es así que si le pedía que saltase de l la montaña más alta, lo haría sin dudar un solo segundo y ella sabía eso.
- Estas tan estrecha que me vuelve loco lo que haces con mi m*****o dentro tuyo. –
Para él cada noche era algo nuevo, la manera en la que lo tomaba bajo las sabanas lo hacían perder los cinco sentidos. Ella podía manejarlo cómo quería y él dejaba que hiciera de sí mismo lo que deseaba. Había explorado cada orificio de su cuerpo y nunca en su vida había conocido el placer como con ella.
- Estoy por llegar… -
Le decía con la voz entre cortada mientras ella movía su cuerpo de manera intensa y ligera y al mismo tiempo que podía ver en su rostro, como sus facciones se desencajaban, sus ojos se le ponían en blanco, su cuerpo temblaba ella solo reía, sintiendo como él, le acababa tan adentro, tan profundo.
Ella sabía que a Pablo le enloquecía terminar dentro de ella y ese era un placer que no solo nole prohibia sino que motivaba para que siga volviéndose loco dado que así, podía tenerlo bajo sus órdenes. Sabía que siempre al terminar, una pastilla del día después debía ingerir para no quedar embarazada.
Ella era malvada, era el engendro del demonio y de solo pensar que puede gestar vida en su vientre, que no es de Nacho, sería capaz de asesinar a su propio hijo.
- ¿Qué me has averiguado esta vez? – le preguntó aun sentada sobre su m*****o en tanto él intentaba reponerse del exquisito orgasmo que acababa de darle.
- No han vuelto a estar juntos. Él se encuentra en las afueras de la ciudad y he visto que lo acompaña una chica rubia. –
El simple hecho de escuchar que Nacho, su Ignacio se encontraba con otra mujer hizo que toda su sangre hirviera a 100 centígrados y no quiso escuchar más, sino que comenzó en un ataque de nervios y a los gritos empezó a rasguñarle el cuerpo ante el grito
- ¡mentira, él es mío, solo mío! – toda esta actitud “enfrió” por completo a Pablo y de un solo empujón la sacó de su regazo y se incorporó rápidamente.
Al verla tirada en el piso tomándose la cabeza con ambas manos y diciéndose a si misma que era una mentira, que Nacho no podía estar engañándola él logra vestirse rápidamente y previo a salir, la toma de ambas muñecas y antes que pueda decirle algo la tira contra la cama y él toma el control de la situación.
Entre gritos, manotazos y patadas logra sentarse en su pecho, dificultándole poder respirar cuando se acerca a su rostro para decirle algo, ella lo escupe y eso provoca su enojo que respondió con un golpe de puño en su labio.
Ella podía sentir como el líquido caliente se escurría de su boca. No sólo la había golpeado, sino que la había lastimado y eso era algo que en su vida podría perdonarle y que en algún momento se cobraría.
- Donde vuelvas a hacer una cosa así, voy a darte una paliza que no te va a reconocer ni tu querido Nachito. -
Luego de decir aquello, se levanta de ella y antes de salir la observa nuevamente para decirle algo.
– coges tan rico que es una pena que estés así de loca. – la observa de arriba abajo con actitud despreciable.
– que desperdicio de mujer. – y se marcha dejándola sola en la habitación.
Lo que él nunca podría imaginarse que lo que había hecho no le saldría para nada barato.
Cuatro meses del ingreso de Daiana al centro Psiquiátrico y los médicos aun sorprendidos al ver que el tratamiento no estaba arrojando buenos resultados, pese a que ellos mismos seguían de cerca todos los detalles, no podían cerciorarse de que la paciente hiciera su parte de manera efectiva.
Otra de sus actitudes que realmente preocupaban a los especialistas eran las autoflagelaciones. Las lesiones comenzaron aparecer a la semana de su ingreso por lo cual tuvo que ser derivada a un pabellón exclusivo dónde tuviera vigilancia personalizada las 24 hs.
Así mismo, no podían entender cómo todos los estudios que se le habían realizado hasta el momento, mostraban que era incapaz de sentir sentimientos compasivos por quienes la rodean y que no percibía la realidad como tal, sino que vivía sumergida en un estado de inconsciencia, despierta, dónde todo giraba en torno a lo que ella creía. Esta era una actitud que realmente les preocupaba, dado que, si no tomaba conciencia de lo que le había sucedido, de su realidad sería difícil que pudiera empezar a responder de manera positiva al tratamiento y esto era una alerta para los especialistas dado que, seguía siendo considerada paciente peligrosa para sí misma como para terceros.
Lo que los médicos no sabían, era que, en el cuerpo de Daiana, seguía creciendo el odio que tenía hacia Camila y que más de una vez se había jurado muy lucida, que se vengaría por haberle quitado al hombre que amaba.
Para ella, Ayala lo había seducido y esa era la razón por la cual, Nacho se había olvidado de ella, pero que si volvían a verse él recordaría que la amaba y volverían a estar juntos. En todo este tiempo, ella no había dejado de escribir sobre él ni de dibujar su rostro o características del mismo y cada vez que ingresaban a su habitación a por algún motivo, se encontraban con más y más papeles pegados en las paredes.
Cada vez que tenia sesiones con su psicóloga siempre eran las mismas preguntas con sus mismas respuestas. Daiana mostraba incapacidad de aceptar el motivo de su encierro y manifestaba emociones negativas cada vez que en la conversación se nombraba a su hermanastro. La ultima vez que la doctora le preguntó sobre Marina, la ex novia de Nacho, le agarró un ataque de nervios que la llevó no solo a autoflagelarse, sino a destruir todo lo que tenía a su alrededor y atacando a la especialista, lo cual tuvieron que sedarla y amarrarla con chalecos de fuerza.
Lo que nadie sabía ni se imaginaba era que, así como la veían, ella sabía perfectamente por qué estaba allí, reconocía lo que le había hecho a Camila y no se arrepentía por ello, si no de no haber podido matarla y que el día que ingresó al establecimiento psiquiátrico se juró hacer hasta lo imposible por salir de allí y cobrarse, de la peor manera, todo lo que le había hecho.
Ella estaba tan cegada de odio que había sido capaz de seducir a uno de los enfermeros, el mismo que cuidaba su pabellón por las noches y como era costumbre violar a las internas en ese establecimiento, a ninguno le pareció raro que se perdiera todas las noches en la habitación de Fernández.
- Pensé que no ibas a venir. – le decía ella mientras él, miraba ambos costados antes de cerrar la habitación.
- No pude venir antes dado que recién terminó el recorrido del turno tarde. – le explicaba mientras se sacaba los zapatos y se desvestía.
Para Pablo, el enfermero, estar todas las noches con Daiana era simplemente un desahogo s****l, dado que estaba atravesando una ruptura con su esposa y estaba muy susceptible por ello.
Hacía dos meses que estaban juntos por las noches y ella había logrado ganar su confianza que hasta le hacía de detective. Cada vez que ella le pedía que siguiera a Camila y a Nacho, debía entregarle su cuerpo para que aquel accediese y como para ella, saber de ambos era una necesidad, como el oxígeno para respirar, era un placer entregarse por que cumpliera sus pedidos.
Otra de las cosas que había adoptado en todo este tiempo, era el consumo por la heroína, era un secreto a voces entre los empleados nocturnos que las pacientes a las cuales abusaban, las drogaran para que no puedan decir nada sobre lo que le hacían, pero con Daiana era diferente.
Las drogas le daban la adrenalina que necesitaba para seguir alimentando su odio y él se las proveía. Salvo las veces que le tocaba estudios de sangre, allí, por una semana, no consumía. Debía estar limpia.
Daiana sabía cómo volverlo loco, conocía detalladas cada una de sus zonas erógenas y aprovechaba su poder para poder hacer de su cuerpo un títere, bajo sus manos, sobre y dentro de sus partes íntimas. A él lo volvía loco cada vez que ella se sentaba sobre su duro pene y de espaldas se revolvía sobre él y podía sentir la profundidad que iba ganando con cada movimiento suyo.
Era costumbre escuchar música clásica cada vez que violaban a las internas ya que les permitía extasiarse sin reprimir un solo gemido y a él le volvía loco los gritos de placer de ella.
Otra de las cosas que le volvían loco era la manera en la que ella jugaba con su m*****o en la boca, Daiana era una diosa y en ello no había mujer que pudiera igualarla. Para Pablo, nunca en sus 30 años había sido poseído por una mujer tan hermosa y pasional como ella y lo tenía realmente embrujado, tal es así que si le pedía que saltase de l la montaña más alta, lo haría sin dudar un solo segundo y ella sabía eso.
- Estas tan estrecha que me vuelve loco lo que haces con mi m*****o dentro tuyo. –
Para él cada noche era algo nuevo, la manera en la que lo tomaba bajo las sabanas lo hacían perder los cinco sentidos. Ella podía manejarlo cómo quería y él dejaba que hiciera de sí mismo lo que deseaba. Había explorado cada orificio de su cuerpo y nunca en su vida había conocido el placer como con ella.
- Estoy por llegar… -
Le decía con la voz entre cortada mientras ella movía su cuerpo de manera intensa y ligera y al mismo tiempo que podía ver en su rostro, como sus facciones se desencajaban, sus ojos se le ponían en blanco, su cuerpo temblaba ella solo reía, sintiendo como él, le acababa tan adentro, tan profundo.
Ella sabía que a Pablo le enloquecía terminar dentro de ella y ese era un placer que no solo nole prohibia sino que motivaba para que siga volviéndose loco dado que así, podía tenerlo bajo sus órdenes. Sabía que siempre al terminar, una pastilla del día después debía ingerir para no quedar embarazada.
Ella era malvada, era el engendro del demonio y de solo pensar que puede gestar vida en su vientre, que no es de Nacho, sería capaz de asesinar a su propio hijo.
- ¿Qué me has averiguado esta vez? – le preguntó aun sentada sobre su m*****o en tanto él intentaba reponerse del exquisito orgasmo que acababa de darle.
- No han vuelto a estar juntos. Él se encuentra en las afueras de la ciudad y he visto que lo acompaña una chica rubia. –
El simple hecho de escuchar que Nacho, su Ignacio se encontraba con otra mujer hizo que toda su sangre hirviera a 100 centígrados y no quiso escuchar más, sino que comenzó en un ataque de nervios y a los gritos empezó a rasguñarle el cuerpo ante el grito
- ¡mentira, él es mío, solo mío! – toda esta actitud “enfrió” por completo a Pablo y de un solo empujón la sacó de su regazo y se incorporó rápidamente.
Al verla tirada en el piso tomándose la cabeza con ambas manos y diciéndose a si misma que era una mentira, que Nacho no podía estar engañándola él logra vestirse rápidamente y previo a salir, la toma de ambas muñecas y antes que pueda decirle algo la tira contra la cama y él toma el control de la situación.
Entre gritos, manotazos y patadas logra sentarse en su pecho, dificultándole poder respirar cuando se acerca a su rostro para decirle algo, ella lo escupe y eso provoca su enojo que respondió con un golpe de puño en su labio.
Ella podía sentir como el líquido caliente se escurría de su boca. No sólo la había golpeado, sino que la había lastimado y eso era algo que en su vida podría perdonarle y que en algún momento se cobraría.
- Donde vuelvas a hacer una cosa así, voy a darte una paliza que no te va a reconocer ni tu querido Nachito. -
Luego de decir aquello, se levanta de ella y antes de salir la observa nuevamente para decirle algo.
– coges tan rico que es una pena que estés así de loca. – la observa de arriba abajo con actitud despreciable.
– que desperdicio de mujer. – y se marcha dejándola sola en la habitación.
Lo que él nunca podría imaginarse que lo que había hecho no le saldría para nada barato.
Entre gritos, manotazos y patadas logra sentarse en su pecho, dificultándole poder respirar cuando se acerca a su rostro para decirle algo, ella lo escupe y eso provoca su enojo que respondió con un golpe de puño en su labio.
Ella podía sentir como el líquido caliente se escurría de su boca. No sólo la había golpeado, sino que la había lastimado y eso era algo que en su vida podría perdonarle y que en algún momento se cobraría.
- Donde vuelvas a hacer una cosa así, voy a darte una paliza que no te va a reconocer ni tu querido Nachito. -
Luego de decir aquello, se levanta de ella y antes de salir la observa nuevamente para decirle algo.
– coges tan rico que es una pena que estés así de loca. – la observa de arriba abajo con actitud despreciable.
– que desperdicio de mujer. – y se marcha dejándola sola en la habitación.
Lo que él nunca podría imaginarse que lo que había hecho no le saldría para nada barato.