––Sí, señor. Lo dijo débilmente, pero con tranquilidad, y sir Thomas quedó aliviado por lo que a los primos se refería. Pero la desaparición de su alarma no sirvió de nada a Fanny. Al confirmarse lo inexplicable de su actitud, aumentó el disgusto de su tío; éste se puso en pie y empezó a pasear por la habitación con un ceño que Fanny pudo imaginar, ya que no se atrevió a levantar la mirada, para decir poco después, con tono autoritario: ––¿Tienes alguna razón, criatura, para pensar mal del carácter de Mr. Crawford? ––No, señor. Hubiera querido añadir: «... pero de sus principios, si que la tengo»; no obstante, le faltó el valor ante la aterradora perspectiva de discutir, explicar y, probablemente, no convencer. El mal concepto en que le tenía se fundaba principalmente en observaciones

