––¡Ah! ––exclamó William––, ahí, ni más ni menos, es donde yo lo hubiera emplazado. Es el mejor amarradero de Spithead. Pero tenemos aquí a Fanny, padre ––añadió, conduciéndole hacia donde ella se encontraba––; está esto tan oscuro que no la has visto siquiera. Reconociendo que se había olvidado por completo de ella, Mr. Price saludó entonces a su hija; y después que le hubo dado un cordial abrazo, después de observar que se había hecho una mujer y que pronto necesitaría marido, pareció muy inclinado a olvidarla de nuevo. Fanny volvió a sentarse, profundamente afligida por el lenguaje de su padre y por lo espirituoso de su aliento; y él siguió hablando tan sólo a su hijo, y tan sólo del «Thrush», a pesar de que William, no obstante lo mucho que le interesaba el tema, intentó varias veces

