CAPÍTULO XLNo tenía Fanny poca razón al suponer que ahora no le llegarían las noticias de miss Crawford a un ritmo tan acelerado como al iniciarse su correspondencia. La siguiente carta de Mary llegó después de un intervalo decididamente más largo que el anterior. Pero, en cambio, no acertó al suponer que aquella pausa representaría un gran alivio para ella. Se había producido en su espíritu otra extraña revolución. Tuvo, realmente, una alegría al recibir la carta. En su actual destierro de la buena sociedad, y alejada de todo aquello que solía interesarla, una carta de alguien que pertenecía al grupo donde vivía su corazón, escrita con afectuosidad y cierta elegancia, tenía que ser bien recibida. El argumento usual, alegando crecientes compromisos, servía de excusa por no haber escrito an

