CAPÍTULO XXXIHenry Crawford estaba de nuevo en Mansfield a la mañana siguiente y a una hora más temprana de lo que es propio en las visitas normales. Las damas de la casa se hallaban ambas en el comedor de los desayunos y, afortunadamente para él, lady Bertram estaba a punto de salir. La encontró casi en la puerta, y como ella no estuviera en modo alguno dispuesta a molestarse en vano, acabó de salir después de recibirle cortésmente, pronunciar una breve frase relativa a que la esperaban y ordenar un «pasen aviso a sir Thomas», a un sirviente. Henry se alegró muchísimo de que se fuera, se inclinó y esperó a que hubiera desaparecido; a continuación, sin perder un momento, se volvió hacia Fanny y, sacando unas cartas, dijo con alegre expresión: ––No tengo más remedio que quedarle eternamen

