Con actitud desafiante, una mirada que decía mucho más de lo que podía expresar, el cabello enmarañado y la vestimenta sucia y desarreglada se encontraba parada frente a nosotros Emily Dickson. Sus ojos cruzaron con los míos por unos segundos, y emitió una sonrisa más que tétrica haciendo una reverencia en mi dirección. Me paralice, no esperaba verla aquí y parecía ser que el gigante rubio tampoco esperaba contar con su presencia. —¿Qué haces aquí? ¿Nos has estado siguiendo otra vez? —grito Travis casi sin aliento. —He venido a hablar contigo —aseguró, sin ningún tipo de aflicción. —No puedes, Christian tramito una restricción en tu contra. —Tienes que quitarla —sentenció la mujer, con su vista aún en mi. Trague saliva. Nunca en la vida había conocido una persona tan extraña,

