La observó por segundos, estúpidamente no dejo de mirarla, sus ojos verdes me atraen, decido despertar de mi letargo y le entrego un estuche con un hermoso collar. Aunque no tanto como ella, pero se le asemeja en su belleza, sufro enormemente cuando me poso atrás de mi diosa de fuego, sube su cabellera rojiza y observar las pecas que tanto me atraen es una tortura, anhelo besar una por una. Mi respiración se agita al igual que mis palpitaciones, roce su piel a propósito logrando erizar el cuerpo de Emma, luce tan nerviosa como yo. Antes de salir nos despedimos de nuestra pequeña dormilona y de Zaid. La chica que los cuida no me quitaba la mirada de encima. Le ayudó a subirse en el coche, antes de cerrar la puerta dejó un tierno beso en sus labios. Rodeo el auto y sin más emprendimos el

