Él asintió. —Fue mi culpa, no tuya, pero podrías haber contenido tu lengua —murmuró. —Hmm —Ella se recostó en su silla—. ¿Estás seguro de que no estás aquí para reprenderme? —preguntó, porque pensó que sí lo estaba, solo que lo hacía de manera educada. —No lo estoy —afirmó firmemente. —Sin embargo, acabas de decirme que no lo haga de nuevo. Te puse en una situación difícil, y en el futuro debo contener mi lengua. Esa es solo una forma educada de expresar una reprimenda. Lo hago todo el tiempo con los adolescentes, expresando las cosas de manera educada para que no parezcan tan duras —Ella sacudió la cabeza—. Soy buena en esto. Así que sí, estás aquí para reprenderme —le dijo cómo se sentía. Él fruncía el ceño hacia ella ahora. —Nada de lo que te pida será tomado por ti de ninguna otr

